En Huesca se vive tranquilo, no bien

Todos los estudios sitúan a nuestra ciudad como una de las de más calidad de vida del país, lo cual es más que discutible. Puede servir esta valoración para el ciudadano conformista, pero créanme que uno no se incluye en ese grupo.

Analicemos por un momento los parámetros que se utilizan para diagnosticar el buen vivir de una ciudad.

En el capítulo vivienda y accesibilidad a este bien de primer necesidad hay mucho que puntualizar. En efecto, los pisos siguen siendo más baratos en Huesca que en otras ciudades, pero por el contrario la vivienda se ha reducido en sus dimensiones. Además numerosos ciudadanos se están marchando de la ciudad a los pueblos de la redolada porque no hay oferta que cubra la demanda de viviendas unifamiliares.

Pasemos a otra cuestión, la transitabilidad de nuestras calles para el peatón. La peatonalización que se ha llevado a cabo en Huesca es justo lo que no se debe hacer. Tan solo se ha procedido a la eliminación de las aceras en arterias como San Lorenzo, travesía de los Monteros o Plaza Alfonso el Batallador. Pero además las calles de la ciudad están sucias, lo dicen todas las encuestas que el Ayuntamiento hace entre los turistas que nos visitan.

Por si fuera poco, el nivel de ruido ambiental en determinadas zonas supera con mucho, ya no la normativa vigente, sino también la lógica. No es necesaria una ordenanza de ruidos para saber que la existencia de una harinera funcionando día y noche en pleno centro neurálgico de la ciudad es un anacronismo, o que el paso y traspaso de miles de coches por el centro es síntoma de la mala regulación del tráfico existente. Porque esa es otra, el tráfico es insufrible, lento y sin organización. Se abusa del coche y no hay parkings públicos.

Y por último, si los urbanistas dicen que hay que recuperar las zonas históricas que son las que dan personalidad propia a las urbes, en esta cuestión somos de nota. Los edificios se nos caen, las calles no son propias de una ciudad europea y cuando a alguien se le ocurre ir a una rehabilitación las instituciones no saben sino poner trabas y más trabas a una intervención, en pos de no se sabe qué intereses.

Tras lo dicho solo queda una explicación, en Huesca se vive tranquilo, no bien como señalan los estudios. Da lo mismo que haya peatonalización o no, es indiferente que el tráfico sea mejor o peor o que las calles estén adecentadas. Somos una ciudad que estructuralmente no puede presentar complicaciones graves. Desde el punto de vista laboral, el 60% de los puestos de trabajo están asegurados, ya que corresponden al sector funcionarial, pero me resisto al conformismo que nos ha inundado en los últimos tiempos, a la autocomplacencia. Huesca debe ser dinámica si no quiere seguir siendo una ciudad donde se vive tranquilo, y tranquilo es sinónimo en este caso de inmóvil.

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