A paso de burra

Nuria Garcés

Créanme que es desesperante, porque hay quien se toma en esta ciudad el conducir como si se fuera de paseo, y hay momentos y zonas en los que uno se puede morir de angustia, empujando con sus ánimos al de delante, si intentamos ser educados y no insultar o gesticular hasta llegar a ser excesivos...

En Huesca solemos decir que el tráfico es muy deficiente, lamentable en algunas ocasiones. Y, la verdad, es que a los ciudadanos nos toca, a menudo, sufrir las fabulosas ideas que tuvieron los gobernantes de turno, y que nos diseñaron una ciudad, con unas direcciones, unos semáforos, unos aparcamientos o unas rotondas, que ni al peor enemigo. Otra cosa es luchar contra nosotros mismos, contra conductores que se agobian en que llegan a una rotonda, que en horarios punta como las 9 de la mañana circulan a 20 por hora por nuestras calles, y que son capaces de descomponer al más tranquilo.

Sitúense en la calle Menéndez Pidal, calle con nada menos que cinco rotondas. Cierto que se ha mejorado la circulación en la zona, que hay menos accidentes, que el sistema de rotondas (en este caso tal vez demasiadas) ha demostrado ser muy seguro. Pero luego está quien hace de la seguridad su leit motiv, y opta por abordar esta calle, desde su cruce con Santo Cristo de los Milagros hasta su llegada a Juan XXIII, a una velocidad de crucero equiparable al paso de una burra, siempre que la burra sea lenta y parsimoniosa.

No crean que estoy invitando a los conductores de Huesca a que corran y se vuelvan locos al volante. No. Lo que sí pediría sería, tal vez, un poco de agilidad, de alegría en la conducción, de pensar si el que viene detrás no se estará desquiciando si, con las manos al volante vamos pensando y repensando, mirando a izquierda y derecha, china-chana, como si fuéramos los únicos sobre el asfalto. Que, por cierto, no lo somos.

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