Juventud ¿dónde está el tesoro?

Esther Puisac

Que la juventud era una obsesión de la sociedad, hasta ahora, tenía un significado. Era esa ilusión de inmortalidad, esa negativa a la muerte que hace que miles de personas se dejen esfuerzos físicos y económicos en gimnasios y cremas para evitar los signos del paso del tiempo.

Pero en cuestión de días, ser joven parece tener otro matiz. Es estar en el punto de mira de toda la opinión pública, incluso, la posibilidad de ser objeto de un futuro Ministerio de nueva creación. Al estudiante, le llaman ignorante por ser fruto de un sistema educativo que ha rebajado su nivel de lectura, ortografía, lenguaje, pensamiento matemático, y de conocimientos de historia y geografía. Y todo esto, obliga al joven, no sé por qué regla de tres, a que haga una reválida, después de suprimir la selectividad.

Ser joven, en ese punto de mira de los últimos días, significa ser una generación de botellón, que sólo se lo pasa bien bebiendo todo lo bebible que lleve alcohol, para luego devolver toda ese líquido elemento a la tierra, o al suelo, o a la plaza, o a un rincón, o a la calle, en las distintas formas de síntesis de los alimentos que tiene el cuerpo humano. De repente, ha surgido este fenómeno, ha sido como una seta, ha sufrido una generación espontánea, y casualmente en esta generación de jóvenes. Señores expertos ¿por qué no se han fijado en todas las juventudes anteriores, que han hecho el botellón, y el calimocho, y la litrona, y el juego del duro, y todas esas barbaridades hasta caer al suelo? ¿por qué ahora?

Ser joven en España, también significa que se ponga en duda tu cultura, que surja una increíble polémica en la que todo el mundo está autorizado a opinar sobre si puedes o no puedes llevar un pañuelo. Ocupémonos de la norma, de que si una cultura que se reasienta en nuestro país pueda, si así lo desea, expresar su cultura mientras no suponga un ofensa para nadie. Y a partir de allí, ocupémonos de discriminaciones o de obligaciones. Porque señores ¿a quién no le ha dicho su padre ?llevas una falda demasiado corta? o ?córtate esas greñas y lleva el pelo corto, como un hombre? o ?quítate ese pendiente?? Parece la sociedad española el colmo de la permisividad cuando se autocompara con otros, cuando sigue habiendo muchos talibanes cristianos, hablando castellano.

Pero lo más llamativo ha sido el descubrimiento de los valores de la juventud. Ha tenido que venir un programa de televisión de masas, una antigua azafata del Un, Dos, Tres cargada de sentido común y un puñado de jóvenes normales, como cualquiera de los que se puede encontrar en el mundo, para que los que se consideran adultos abran los ojos. Un programa que durante varias horas obliga a los mayores a fijarse en cómo piensan, en cómo trabajan por hacerse un hueco, en sus relaciones con sus familiares y los amigos. Y ahora, todo el mundo se da cuenta que la juventud no sólo es botellón, y pastillas, y pocas ideas dentro de la cabeza.

Lo más triste de todo, es que a buen seguro, muchos de los que destacan estos valores de Rosa, de Bustamante o de Manu Tenorio, no se están dando cuenta que tienen a su lado a su hijo Miguel, o a María, con esos mismos valores o incluso más. Y que aunque su canto sea como el del zoropito colorao, están esperando que alguien se fije en ellos para abrirles su tesoro.

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