Ana Galindo cierra la temporada sopesando su futuro.

La esquiadora altoaragonesa ha dado por concluida su temporada de competiciones tras su discreto papel en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City. Ahora comienza para ella un tiempo de reflexión, ya que no se ha clasificado para las últimas pruebas de la Copa del Mundo, y en el que meditará si sigue en la alta competición tras dos años marcados por las lesiones.

Ana Galindo comenzaba en octubre una temporada con las miradas puestas en dos grandes objetivos. Por un lado, la incertidumbre por saber si sus piernas, tantas veces dañadas por las lesiones, le iban a responder en las primeras pruebas de la Copa del Mundo. Y si la moral iba a tomar cuerpo a medida que avanzaban los meses y llegaba la gran cita: su segunda participación en unos Juegos Olímpicos de Invierno. En un principio, la falta de competición le mermó en las primeras carreras, producto de la inactividad a pesar de lograr un estado óptimo en pretemporada. Pero a medida que el calendario internacional iba desarrollándose, el sacrificio y la entereza tenían la recompensa con la clasificación para las segundas mangas y la consecución de los primeros puntos en pruebas de la Copa del Mundo.

Si por algo se ha caracterizado Ana Galindo en su dilatada carrera deportiva (el próximo día 16 de agosto cumplirá 29 años) ha sido por salir siempre de las grandes adversidades; en su caso por medio de lesiones prolongadas que no le han dejado rendir al cien por cien campaña tras campaña. Desde que tomase el testigo de la vizcaína Ainhoa Ibarra, la esquiadora de Candanchú se ha erigido como la abanderada nacional del deporte de la nieve hasta la llegada de Rienda y Mullhegg, un protagonismo que ahora los tres comparten, y a la que se sumará una cuarta en discordia: Carolina Ruiz.

Ahora comienza una nueva etapa en su carrera, una vez ha terminado la temporada y su participación en los Juegos Olímpicos de invierno. Esta vez, Galindo no era favorita como en los de Nagano en donde una inoportuna caída le privó de acariciar algún puesto de honor. En la cita americana, sus pretensiones eran menos exigentes pero quería estar al menos entre las 10 primeras. De allí, la decepción nada más acabar la prueba:?me he tirado llorando entre manga y manga, porque podía haber estado fácilmente entre las diez mejores, pero al final todo se ha ido al traste. En la entrada del cambio me he caído y he tenido que remar para entrar otra vez en el recorrido. Aún así he marcado el cuarto tiempo intermedio, algo que hacía mucho tiempo que no lograba?.

Su recuperación más que física moral, se mezclará con el sacrificio que supone tener que estar siempre entre las mejores, en la élite, en un deporte en el cual salen jóvenes promesas cada día. Los próximos meses serán decisivos para la continuidad de Ana Galindo en la alta competición .

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