Seis años de internamiento psiquiátrico para el joven acusado de asestar ciento treinta y cinco cuchilladas a un amigo.

El joven acusado de homicidio en Jaca ha aceptado, ante el Tribunal de la Audiencia Provincial de Huesca, una condena de seis años de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario y seis años de prisión. Las penas pactadas no son acumulativas, por lo que el tiempo de permanencia en la institución psiquiátrica designada será descontado de la condena de prisión establecida.

La condena recoge el pago de una indemnización de ciento veinte mil euros, veinte millones de pesetas, para la madre de la víctima. Ha sido pactada entre las acusaciones pública y particular, y el representante de la defensa, a tenor de unos informes psiquiátricos referidos a los trastornos del procesado.

Los distintos peritos psiquiatras designados por las partes, un total de ocho, han informado durante la instrucción del caso que el acusado, Jesús T.P., padecía, en el momento de llevar a cabo su acción, un trastorno límite de la personalidad agravado por el consumo de fármacos y opiáceos, así como por un insomnio crónico.

El acuerdo alcanzado entre las partes, que contempla la atenuante de enajenación del acusado para rebajar la condena inicialmente solicitada por la fiscalía, dieciocho años de cárcel, ha evitado la constitución del Tribunal del Jurado preseleccionado para enjuiciar los hechos.

El acusado, que no ha precisado los motivos que le impulsaron a la agresión, admitía el relato de hechos de la fiscalía y reconocía que la madrugada del siete de octubre de 2000 asestaba ciento treinta y cinco cuchilladas a la víctima.

En el momento de producirse la agresión, la víctima dormía en el interior de la vivienda del acusado en Jaca, en la que solía pernoctar cuando se desplazaba a esta localidad altoaragonesa por motivos profesionales.

La víctima, con la que el acusado había estado tomando unas copas unas horas antes, sorprendida por el repentino ataque, se libró del atacante y logró arrastrarse hasta el salón de la vivienda, donde quedó tendido por la pérdida de sangre. El agresor cogió otros cuatro cuchillos y unas tijeras, y continuó la agresión hasta que pudo comprobar que no respiraba, momento que aprovechó para colocarle en una de sus manos uno de los instrumentos afilados empleados.

Posteriormente, el procesado se metió en la cama donde había dormido la víctima, se clavó uno de los cuchillos en el abdomen y se hizo varios cortes en las muñecas antes de perder el conocimiento.

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