La vida colgante

Esther Puisac

Entre tanta noticia de desastres, de macabros sucesos, de mentalidades extrañas que intentamos comprender con psiquiatras; mientras nos planteamos en qué punto de la evolución se encuentra la especie humana (incluso si estamos yendo como los cangrejos), siempre existe un pequeño soplo que nos ayuda a serenarnos.

Una señora de 73 años se encuentra en estos momentos recuperándose de las consecuencias de un desvanecimiento. Esta señora vivía sola en su domicilio. Bueno, no del todo. Está acompañada desde hace un tiempo por un colgante. No se trata de un brillante, ni de un ámbar o una amatista. Es una joya de plástico es la pieza de alarma de la teleasistencia.

Pero la casualidad quiso que nuestra señora no llevara en ese momento su colgante. De todos modos, el servicio de teleasistencia se completa con varias llamadas al día, para cerciorarse de que están bien los asociados al sistema. El protocolo de actuación se puso en marcha al ver que nuestra protagonista no respondía a las llamadas, ni tampoco a las de sus familiares. Se consiguió una orden que ejecutó la policía local y la encontraron en el suelo tendida.

En el Altoaragón, cada vez son más los mayores que llevan este original ?colgante?, y que sirve para mucho más que para avisar si cualquiera de estas personas se encuentran mal. Este servicio de teleasistencia sirve a los mayores de apoyo, de saber que si algo les pasa hay alguien al otro lado, las 24 horas del día. Es un servicio que diariamente les mantiene conectados al mundo. Les preguntan cómo están, si se encuentran bien, si existe algún problema de cualquier tipo, y vigila la evolución de su estado.

En estos tiempos de residencias, asilos, y ancianos maltratados, existe un gran invento, llamado teleasistencia, que permite que los mayores lleven su vida independiente de la forma más digna posible, con el componente humano de quien sabe que en algún sitio hay alguien que trabaja exclusivamente por ellos. Y que sólo tiene como fin esta pequeña y gran historia: salvar vidas.

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