Los peritos del juicio de Nocito dicen que el homicidio fue inducido por la madre

Los peritos psiquiatras que han declarado en el juicio jurado que se celebra en la Audiencia de Huesca, contra un hombre de 70 años acusado del presunto homicidio de su sobrino en el núcleo rural de Nocito, aseguraron que la víctima solía ser inducida a la violencia por su propia madre.

Durante la segunda jornada de la vista, los expertos afirmaron que tanto la madre como su hijo padecían una trastorno mental de esquizofrenia paranoide y que la mujer trasladaba a su descendientes sus obsesiones persecutorias, lo que le llevaba a mostrar actitudes agresivas contra terceras personas.

Tras referirse a la existencia de una "relación simbiótica " entre el hijo y la madre, los psiquiatras añadieron que los internamientos de la víctima a lo largo de los últimos años en instituciones

psiquiátricas y las denuncias acumuladas en su domicilio habitual en Longás (Zaragoza) revelan su tendencia a actuar de forma agresiva y violenta. Un testigo presencial de los hechos, ocurridos el 24 de octubre de 2000, relató al tribunal del jurado que observó como la víctima tomaba un garrote y se dirigía con un paso rápido hacia su tío, en actitud violenta y profiriendo insultos.

El testigo, guardia forestal de profesión, añadió que el acusado disparó sin apuntar cuando su sobrino se encontraba a una distancia de dos metros y comenzaba a levantar el palo con intención de golpearle, y destacó que cuando llegó al lugar de los hechos el anciano se limitó a decir que ?o era él o era yo?.

Tanto la persona que presenció los hechos como el resto de vecinos habituales de Nocito confirmaron al tribunal que la víctima llevaba a cabo en ocasiones actos violentos contra objetos o

amenazaba a las personas en la creencia de que se burlaban de el o eran enemigos potenciales.

Dos hermanos del acusado explicaron, asimismo, que la madre de la víctima solía decir a gritos a su hijo que "había que matar" a sus familiares, incluso a uno fallecido en pasadas fechas.

Tras la prueba testifical, las acusaciones pública y particular mantuvieron sus respectivas peticiones de 12 y 13 años de prisión contra el acusado por un presunto delito de homicidio, mientras que la defensa solicitó su absolución tras alegar que actuó en legítima defensa y bajo una situación de "miedo insuperable".

El ministerio fiscal admitió durante la exposición de su informe que el ataque agresivo de la víctima se produjo, pero afirmó que la situación originada no eliminaba la responsabilidad del acusado ya que pudo haber optado por no disparar y refugiarse en su vivienda. Según el representante de la fiscalía, "es evidente que el acusado no es un criminal ni un delincuente, sino una persona normal que ha tenido la desgracia de verse en una situación como la que vivió, pero esto no hace desaparecer su culpabilidad".

Por su parte, la acusación particular, que solicitó la aplicación de la agravante de abuso de superioridad del acusado al servirse de un arma de fuego, señaló que el anciano "tenía una autentica y real intención de matar y su miedo era a que su sobrino dañara su patrimonio, lo que el1mina la legítima defensa ya que no existía necesidad de defender su vida" .

La defensa rechazó los argumentos de los acusadores y afirmó que su cliente se vio abocado a actuar en legítima defensa de su vida al servirse de una escopeta y observar que su sobrino no se detenía al advertirle a gritos que no se acercara. El letrado añadió que la alternativa de buscar refugio en su casa no hubiera garantizado que la víctima, impulsada por su trastorno mental, hubiera accedido a su interior violentando la puerta o el cristal de una ventana.

A juicio del abogado, "si la legítima defensa no se aplica en este caso, habrá que pensar en borrarla del Código Penal". El juicio se reanudará mañana con las deliberaciones del tribunal jurado para la emisión de un veredicto en relación a las peticiones de los acusadores y de la defensa.

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