"NECESITO UN VOLUNTARIO"

Esther Puisac

?NECESITO UN VOLUNTARIO?, gritaba la profe, cuando de repente se daba cuenta que se había acabado la tiza y alguien tenía que ir a portería a pedir un paquete más. Y nosotros, como alumnos avispados, antes de levantar la mano, nos cerciorábamos de que iba a ser algo bueno lo que se nos iba a proponer. No vaya a ser que nos presentáramos voluntarios para hacer un trabajo sobre las consecuencias multirraciales de la segunda guerra mundial y la perspectiva geomorfológica. Desde luego, si lo de ser voluntario te reportaba unos cuantos minutos de paseo por los pasillos, entonces se levantaba la mano.

Luego, cuando creces, el significado de ?voluntario? cambia. Y conocemos a los ?voluntarios? de Cruz Roja, los ?voluntarios? de la Fundación Municipal de Servicios Sociales, los ?voluntarios? para atender ancianos, que ?voluntariamente? hacen la Prestación Social Sustitutoria a la que ?obligaba? por ley el Estado.

Y con estos chicos ?voluntarios?, y unos pocos voluntarios sin comillas, han tirado numerosos servicios sociales y sanitarios durante las últimas décadas. Y ahora, se acabo la mili. Y nadie quiere ser voluntario. Cruz Roja intenta buscar recursos ante el grave problema que se le plantea, al igual otro tipo de asociaciones que en menor medida, dependían de los voluntarios para levantar al señor Manuel, el del quinto, de la cama una vez al día, para llevar a Gerardo, que va en silla de ruedas, al médico, para llevarle la compra a la señora María, o montarles una fiesta de Navidad a ese grupo de críos que no tienen ni para un peluche pequeño para Reyes.

Pero la respuesta no está en las instituciones, ni siquiera en el sector masculino entre 17 y 25 años. La llamada está en tu vecino, en esa asociación que lleva años trabajando por los más desfavorecidos de la ciudad. Seguro que a ellos, por ser una asociación no les dan las cosas gratis, y con dos personas lo tienen muy difícil para hacer actividades con 50 personas. No hacen falta horas y horas de dedicación, ni un compromiso peor que un matrimonio.

Hace falta que no perdamos el norte, que nos demos cuenta que todos somos seres humanos, y que por esas sorpresas de la vida, algún día, podemos encontrarnos en el otro lado de la sartén, con una enfermedad, solos, dependiendo de que en una asociación haya alguien que pueda venir a ayudarnos. Y es que hay que ser egoísta. Piense que usted sí puede contribuir a conseguir un mundo mejor, que usted puede ayudar, que todo lo que no hacen los gobiernos pueden hacerlo sus manos, que nuestras conciencias piden a gritos recuperarse.

Quizá haya que recordar que en algunas especies animales, de las más evolucionadas, se acoge en el interior del grupo a los enfermos, a los lisiados, a los más débiles, en un sentido de sociedad que a muchos humanos les falta.

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