Sentencia de Jara

Masari deberá reponer inmediatamente la posesión de la ermita de Jara a la Cofradía de Nuestra Señora de Jara, y tendrá que retirar la valla. Así lo ordena la sentencia que ha firmado hoy la titular del juzgado de 1ª instancia nº 2 de Huesca.

En dicha sentencia, se condena a Masari, Promociones y Obras, S.L., a reponer inmediatamente a la Cofradía de Jara y al particular Antonio Sauqué en la posesión de los terrenos en la forma que han estado detentando hasta el momento en que se procedió al cercado y labrado de su finca, retirando el vallado y permitiendo el disfrute de la ermita de Jasra, su acceso a la misma y la utilización del terreno preciso para continuar y concluir las obras, y el que sea necesario para el uso natural de la Ermita, tal y como se ha venido haciendo hasta ahora.

Dentro de la redacción de la sentencia, la jueza Balfagón asegura que lo que se juzgaba, en esta ocasión, era la posesión de la ermita por los demandantes, y al ataque de ésta por el demandado, excluyendo todo lo referente a quién tiene derecho a poseer, cuestión que quedará para otro juicio. Por ello, considera ociosas, inútiles e improcedentes las numerosas alegaciones y pruebas formuladas, que se presentaron en la vista por parte de las dos partes, tendentes a demostrar la eficacia de los títulos jurídicos.

La jueza asegura que la cofradía usaba y disfrutaba del terreno donde se levantaba la ermita, lo que constituye sin duda una posesión merecedora de protección. De hecho, existe un verdadero estado posesorio que rebasa lo que podría considerarse una mera tolerancia de quien pudiera sentirse propietario. Considera también evidente que la Cofradía tenía la posesión, aun cuando por razones económicas, no pudieran acometerse las obras de forma continuada y permanente.

La sentencia también entiende que hubo perturbación o despojo, al vallarse la ermita, por lo que obliga a que se fijen 2.000 metros cuadrados alrededor del templo para continuar y concluir las obras y facilitar a la cofradía y a quienes perticipen en sus actos y festejos el disfrute de la misma, como han venido haciéndolo durante años. Añade que Masari actuó con "animus expliandi" porque conocía de la existencia de terceros y de que, con sus actos, estaba vulnerando su posesión.

Comentarios