¡Qué tal socio!

Cristina Pérez

Nano está en su cuarto. Está en su particular nave galáctica en la que él y sólo él habita como amo y señor. A la derecha de su cama reposa el walkman cuyos auriculares lleva pegados como un apéndice a los oídos aislado de todo sonido exterior, a su izquierda el móvil no para de parpadear, sobre su cabeza una parrilla de dónde sale la televisión y frente a la cama el rey del paraíso de Nano el ordenador, con Internet como único vasallo de este reino.

Es capaz de pasar toda la tarde del sábado imbuido en una pantalla a la que ordena de forma compulsiva. Chatea con cientos de jóvenes, o lo que el cree que son jóvenes, entra en otros mundos, abre mensajes, envía cartas, se baja música se sube al último modelo de dos ruedas y llega a la noche extenuado pegado a su walkman. Y cuando se tumba en la cama resulta que han pasado cinco horas, resulta que se siente sólo en su paraíso, lo mismo que el principito en su planeta solo. Pero, por lo menos, él tenía una rosa de la que cuidar. Nano ni eso.

Al final no es nada divertido habitar este mundo de enchufes. Sin embargo, su vecino Manu, ese membrillo hortera que se empeña en hacerlo socio de la peña debe llevar toda la tarde enfrascado en el local preparando lo de las navidades. Pues vaya peñazo la peña. Total sólo hacen que hablar, quedar para organizar la liguilla de fútbol sala, idear disfraces para carnaval, repartir tareas en el voluntariado para echar una mano a los abuelos y establecer horarios para usar los ordenadores o preparar la cena de esta noche en el local...

Y, seguro, que ahora cuando Nano asome al rellano y se cruce con Manu, este le eche la mano al hombro y le vuelva a soltar aquello de ?¡qué pasa socio!? Y en el fondo, en ese fondo donde la soledad empieza a extender su mancha más absoluta, en el fondo Nano empezará a plantearse seguir con lo de la música, con lo de Internet, con lo del móvil, pero en compañía. Que el mundo está repleto de demasiadas soledades y esto de asociarse debe de ser como un conjuro a la individualidad. A lo mejor visto desde este lado Nano se decide un día. Deberá romper barreras y atreverse a abrir la puerta. Una vez que entre se preguntará cómo no se le ocurrió antes.

(Este fin de semana se celebra en Huesca el Día del Asociacionismo)

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