¿Tomará el menú del día, o prefiere carta, el señor?

Esther Puisac

En el momento en que el debate de las izquierdas y las derechas ha desaparecido, porque ninguna de las dos existen más que en sus extremos (algo confusos por cierto), el pueblo, la masa, la sociedad, toda esta chusma mundial sigue sintiéndose lejos de aquellos que dicen representarles. Se afanan en periodo electoral. Son elegidos, al menos en España, por unos métodos absurdos e ilógicos, con esos cabos sin atar del sistema D´hont. Con esas herramientas se sientan durante 4 años en un sillón, si antes han sabido situarse bien dentro de las filas de su propio partido.

Y es ahora, cuando hablamos de una nueva guerra mundial, cuando regresa la manipulación informativa en la propaganda de guerra, cuando nos damos cuenta del gran poder que tienen en sus manos. Un poder que utilizan en bien de no se quién, sin reflejar los deseos de aquellos que les han votado. Encuestas por aquí y por allí demuestran que nadie quiere la guerra, ni un conflicto, ni nada. Hay ya una generación de la paz, mucha gente que no conoce la guerra más que por las leyendas de sus abuelos, una conciencia creada a base de cultura que sabe analizar las causas de cada conflicto, y, sobre todo, que sabe calibrar las consecuencias.

Hoy he escuchado que cuando Arafat y Peres comienzan a acercar posturas, siempre tienen a alguien detrás que les recuerda que deben mantenerse rígidos. ¿Por qué?. En España, no se puede dialogar con los etarras ¿cómo se solucionará el problema entonces, cuando el país justifica y apoya incondicionalmente la Cruzada contra el terrorismo? ¿cómo no vamos a pensar, por esa misma regla de tres, en guerra sucia?. Ni la ONU, ni la Unión Europea, ni el Gobierno, ni los partidos políticos escuchan.

Una vez leí una frase que me impactó: ?Democracia significa poder elegir la salsa en la que vas a ser cocinado?. Quizá sea el momento de salir de esta salsa, que de revuelta está demasiado espesa, y comenzar, desde la perola, unas nuevas clases de cocina. No sería la primera vez en la historia que el menú cambia su guiso.

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