Las ruinas de Huesca

Esther Puisac

Habría que tirar de hemeroteca, y de una hemeroteca especializada en ámbito local para saber si existe en el mundo una ciudad con semejantes ruinas como tiene Huesca. Ni siquiera Pompeya.

Parece que numerosos arquitectos se han puesto de acuerdo en ensayar materiales, probar desafíos a la ley de la gravedad, forzar la resistencia de pilares, muros y cimientos. Y también la de la paciencia de los ciudadanos y de las instituciones.

Vamos a poner ejemplos ilustrativos. En Huesca el tren entra ?de culos? y sirve de frontera con una parte de la ciudad. Ahora, se le ha puesto una estación intermodal que ha tardado meses en abrirse, y que por no tener no tiene ni baños. Además, fue un proyecto que, de repente, estaba construído metro y medio sobre el nivel de la calle. Y en vez de adaptar el edificio a la calle, hubo que subir la calle a la altura del edificio.

A su lado, en pleno centro, alguien tuvo la genial idea de colocar unas harineras y un amplio polígono industrial.

Para hacer deporte en la ciudad podemos elegir entre dos pabellones, que durante su construcción se vinieron abajo. También podemos ir a un campo de San Jorge en el que hubo que invertir unos cuantos millones más porque después de hecho se inundaba, o también ir a las pistas de atletismo del Perpetuo Socorro. Allí, no podremos realizar ninguna competición importante porque no hubo dinero suficiente para poner una calle más, y así entrar dentro de los parámetros del reglamento. Y para dejar la bici, el ?biceberg?, un invento oscense admirado por todos, que en Huesca no se utiliza, entre otras cosas, porque no se puede ir en bicicleta. Y tras la inversión millonaria, ¿alguien sabe cómo se utiliza?

Nos vamos ahora a educarnos. ¿Dónde nos cobijamos?. No lo haremos en el Centro Cívico del Perpetuo Socorro, porque se nos puede caer encima. Tampoco en Capuchinas, futura escuela de Restauración, porque todavía, desde hace unos diez años, no se ha acabado.

Es bueno respirar aire puro. Vámonos al parque. Si realmente no le da miedo la inclinación de los pinos de la parte norte del Miguel Servet, puede irse a la parte talada. Y es que por no saber, no se supo siquiera plantar un pino, en aquellos tiempos.

Dejémonos de historias, y vayamos al Casco, con esos matorrales salvajes que crecer sobre los restos de antiquísimas civilizaciones en el Círculo Católico. Muy cerca, podemos admirar unos restos del Pleistoceno Medio, que alguien denominó ?Proyecto del Temple?. Lo del Pleistoceno Medio es porque los lugareños, recuerdan haberlo visto así desde siempre, desde la antigüedad más antigua. Y qué decir de la eterna ampliación del ayuntamiento, de las vistas que ofrece la plaza de Tarragona, del gran diseño del tráfico, de las rotondas, de la gloriosa y mastodóntica urbanización en avenida Pirineos, de las Piedras del palacio de Lastanosa que estaban al lado de Capuchinas y un buen día desparecieron, del depósito del agua en el casco, las gasolineras en medio de la ciudad.

A quien corresponda, el ciudadano de bien que vive en Huesca quiere hacer un llamamiento: mucha atención a las obras que en estos momentos se realizan. La piscina cubierta, la queremos cubierta, y con agua, pero que no caiga del techo. El recinto multiusos, queremos que se pueda usar en condiciones de seguridad, aunque sólo sea para un uso, el nuevo archivo de la diputación que pueda archivar, que en Albajar la gente pueda vivir, que el Centro de arte contemporáneo pueda albergar obras de arte y visitantes, sin necesidad de que el observador se pierda por el museo o quen un cuadro se le caiga en la cabeza.

Y a ver si con estos proyectos actuales se demuestra que en la carrera de arquitectura también enseñan a construir obras que se sostienen, y a ver si las instituciones consiguen saber imponer sus criterios de limitación de presupuesto y servicio al ciudadano. Para variar.

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