Se busca inversor privado.

Alberto Cebrián

En todos los foros, en los que se habla de desarrollo en la provincia de Huesca, se coincide en la importancia de que sean sus propios habitantes los que propicien la generación de empleo y riqueza.

Algo que, salvo experiencias enmarcadas en la nueva economía y los proyectos vinculados al sector turístico, se coincide en que se ha de orientar hacia el ámbito agroalimentario. Vivimos en estos días la configuración de la cooperativa de ganado ovino más importante de Europa: Carnes Oviaragón, fruto del trabajo desarrollado durante veinte años por parte de un grupo de ganaderos.

En el vacuno, se está observando algo similar. Se pone el ejemplo de los productores del Valle de Broto. Producción, transformación y comercialización son funciones que realizan los propietarios de las explotaciones. De nuevo, el esfuerzo personal y la apuesta por un proyecto empresarial da sus frutos.

En la capital oscense, podemos hablar de empresas con pasado, presente y futuro de viabilidad económica como las dos harineras que proporcionan trabajo a unas ciento cincuenta personas.

A estos ejemplos, podemos unir el importante número de cooperativas que se mueven en el campo de las frutas, hortalizas y alfalfa, que han conseguido abrirse un hueco en el mercado y están enriqueciendo los municipios en los que se asientan.

Son iniciativas que surgen en el propio territorio. No obstante, son casos que se presentan como excepciones, ya que no se trata de la generalidad de esta provincia. Se echa en falta un mayor esfuerzo inversor por parte de la iniciativa privada. En algo se está cambiando, porque si bien no había casi respuesta a la llegada de los fondos Leader II, en la actualidad es innumerable el número de solicitudes de los Leader Plus y Proder.

Pero se sigue viendo insuficiente el dinamismo de los habitantes de esta provincia, y en general de Aragón. Se tiene enormes dificultades en el departamento de Agricultura del Gobierno autónomo para poder canalizar las subvenciones articuladas en la Dirección General de Industrialización y Comercialización Agraria por la escasez de inversores privados que acometan proyectos empresariales.

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