Cartas al director: Agradecimiento a la población

Obispado de Huesca

Me creo obligado a expresar, en nombre de D. Juan José Omella, Administrador Apostólico de Huesca, en el de la Familia de D. Javier y en el de la Diócesis, nuestro sentimiento de gratitud pero, casi no sé a quién dirigirlo, porque lo que vivimos ayer lo vivimos todos como algo nuestro y en gratuidad, y porque a todos nos salió del corazón .

No obstante, y si hay que concretar, agradecemos a todos los oscenses, seglares, religiosos, religiosas y sacerdotes su preocupación constante por la evolución de la enfermedad de D. Javier en estos últimos meses, y por su masiva participación en los actos programados con motivo de su funeral: la acogida del cadáver, el rezo de laudes, las Misas durante la mañana. el paso por la capilla ardiente, y el funeral.

Y a todos los que nos acompañaron de Tafa1la, Pamplona y otros lugares de nuestra geografía.

Damos las gracias a todas las Autoridades civiles y militares de la capital de la provincia y de la región. por su presencia, por sus testimonios de condolencia, por todos tos detalles que han tenido y todas las decisiones que han tomado en estos últimos meses, y que han tenido a D. Javier como objetivo y protagonista.

Agradecemos todas las muestras que por distintos conductos han llegado y están llegando al Obispado de personas muy distintas, y de puntos muy distantes.

Gracias a todos los Sres. Obispos, Abades, y sacerdotes de distintas partes de España, que han demostrado con su presencia y con el sacrificio de su viaje, la estima y el cariño que a D. Javier tenían y gracias, cómo no" a todos los que con su trabajo prepararon toda la infraestructura que hizo posible la celebración del acto; Las brigadas del Ayuntamimto, la Policía Nacional y Municipal, la Cruz Roja, los y las jóvenes voluntarios y voluntarias, los seglares colaboradores de la Catedral y del Obispado, a la Coral de Alerre, y a los obreros de la Escuela taller, que han dejado para siempre su sello en el magnífico sarcófago que esculpieron para que D. Javier descanse.

Y, aunque no aparezcan en este relato nombres propios no podemos olvidar el de D. Franciso Raya, Delegado de Liturgia de la Diócesis, que preparó y dirigió a satisfacción de todos la celebración y el ritmo de la liturgia.

Y gracias también a los que por olvido puedan no sentirse incluidos entre los citados anteriormente.

Cómo he dicho al comienzo, sé que ninguno necesitais de estas palabras, pero también estoy seguro de que D. Javier, si viviera, me habría mandado escribirlas. ¡GRACIAS A TODOS!

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