Continúa la desaceleración de la economía aragonesa durante el segundo trimestre de 2001

Según las estimaciones realizadas por el Departamento de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón, el VAB alcanza tasas en torno al 2.7 que sitúan el crecimiento de la economía aragonesa en lo que va de 2001 por debajo del año 2000. Los resultados muestran que la economía aragonesa ha acentuado durante el segundo trimestre del 2001 la desaceleración iniciada en el último trimestre del año anterior. Con un crecimiento en torno al 2.7, frente al 3.1 en el conjunto nacional, la tasa interanual coloca por primera vez a la economía aragonesa por debajo de la española. La economía aragonesa no podía ser ajena al entorno de desaceleración e, incluso, de recesión que en los últimos tiempos se registran en algunos países.

La economía mundial se encuentra en un momento de gran incertidumbre, acrecentada por los recientes acontecimientos políticos. La brusca caída del crecimiento en EEUU tras una década de fuerte expansión, el persistente estancamiento de Japón y la desaceleración europea se ha extendido al resto del mundo y ha contagiado a los países emergentes.

En este escenario la economía española ha mantenido un mayor dinamismo, pero no ha escapado de la desaceleración, especialmente significativa en el deterioro de la actividad industrial y la inversión, y la caída de las exportaciones de bienes y servicios. Si bien no existe un total consenso, las previsiones apuntan igualmente menores tasas de crecimiento a lo largo de 2002, aunque manteniendo un diferencial positivo con respecto a la Unión europea y la zona euro. En toda caso, un factor clave será cómo se resuelvan los conflictos bélicos asociados a los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Por lo que respecta a la economía aragonesa, desde el lado de la oferta sería el sector industrial el más claramente afectado por la desaceleración, pasando de tasas de crecimiento en torno al 6% en los primeros meses del 2000 al 2.4% del 2º trimestre 2001. Por su parte el sector de la construcción ha pasado de registrar un fuerte dinamismo a comienzos del año 2000, a mantener durante el último trimestre un más modesto 4% por debajo del 6% nacional. En cuanto al sector servicios la desaceleración es mucho más suave, y los datos el segundo trimestre del 2001 sitúan su crecimiento en torno al 2.7, tan sólo 3 décimas por debajo del español.

Desde la vertiente de la demanda, el consumo privado sigue la misma tónica de desaceleración suave que la media nacional, aunque ha registrado un ligero repunte en el segundo trimestre del 2001. El crecimiento de los depósitos en bancos y sobre todo en cajas de ahorro parece indicar una mayor preferencia por el ahorro. La formación bruta de bienes de equipo es sin duda la principal afectada por el tono crecientemente recesivo de la economía. Por el contrario la inversión en construcción mantiene todavía un cierto dinamismo. Aunque no es posible cerrar el lado de la demanda ante la carencia de información completa sobre el sector exterior, los datos de exportaciones muestran una importante caída durante el segundo trimestre, sobre todo en bienes de consumo que han caído una media del 14% respecto al mismo periodo del año anterior.

En suma, la economía aragonesa se encuentra atravesando una desaceleración manteniéndose el interrogante sobre la duración y evolución de la misma. Algo que dependerá decisivamente de lo que ocurra en el entorno internacional, al estar la economía aragonesa suficientemente integrada, y debido a su mayor dependencia del sector manufacturero. El peso de la industria la hace especialmente vulnerable a las fases bajistas del ciclo y a la contracción del comercio mundial, y explica también la mayor intensidad de la desaceleración con respecto a España.

Sin duda, Aragón se encuentra en una etapa más avanzada del ciclo, por lo que es de esperar que en el futuro y una vez afianzada la recuperación, ésta se produzca aquí con anterioridad. Sin embargo, al margen de los vaivenes de la coyuntura, la economía aragonesa sigue creciendo a tasas considerables (2,7, un punto porcentual por encima de la media europea) y conserva intactos los factores estructurales que impulsan el crecimiento de largo plazo.

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