Ciudad triste

Nuria Garcés

Mucho hablamos de revitalizar la ciudad, de construir nuevas viviendas en nuevos polígonos, de lograr que esta ciudad consiga más habitantes, lo que significaría que había más trabajo. Mucho hablamos de futuro, pero da la impresión de que pensamos poco en el presente, y en la imagen que, hoy por hoy, da Huesca.

El pasado fin de semana, la que suscribe salió de paseo por Huesca. Por ver, por comprar, por disfrutar de la calle, por comprobar cómo late una ciudad que, por cuestiones de trabajo, desconozco totalmente el resto de la semana. Decepción total. Si esperaba unas calles, un Coso repletos de gente, de animación o de luz, nada más lejos de mi ilusión.

¿Dónde están los oscenses el fin de semana? Ésa sería la primera de mis preguntas. Salvo algún pequeño "atasco" junto a los Porches de Galicia, el resto de las calles está prácticamente vacío. No da en absoluto la sensación de una ciudad viva, con paseantes, gente charlando o alegría en las caras.

Pero yendo más allá, la impresión que uno se lleva de las calles de esta ciudad nuestra, deja bastante que desear. El centro de Huesca es triste, está oscuro. El Coso Alto, a pesar de los pesares, sigue siendo desde la esquina de Correos un lugar realmente poco apetecible para pasear. Qué decir de calles como Amistad, Loreto o la plaza de la Inmaculada. Lo mismo con la plaza de San Lorenzo, Ramiro el Monje, por nombrar tan sólo algunas de las calles a las que les falta vida, gente, luz. En suma, futuro. La vuelta a casa fue triste, porque, sin quererlo, se comprueba que a la gente no le gusta su ciudad, no la disfruta. Porque Huesca, en muchas ocasiones, tampoco invita a ello.

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