El mayor espectáculo del mundo

Esther Puisac

Ésa es la definición que se da del circo. Pero ¿qué es lo que cada uno llevamos dentro, cúal es nuestra impresión, nuestro recuerdo del circo? Quizá una borrachera de nostalgia, con sabor agridulce, con luces y colores que tapan las lágrimas de un payaso cansado. Alguien para quien la vida no ha sido un jardín de rosas, que nació en un carromato y que mientras supervisaba la carpa me contaba que había hecho de todo en ese pequeño-gran mundo, me dijo que el circo nunca moriría mientras hubiera niños.

La pregunta que nos surge ahora, a cualquiera que tratamos con esos pequeños bichos, es hasta que punto un circo muestran algo que a un niño de esta época pueda sorprenderle, algo que le pueda quitar la atención de la consola con el último juego de la pleyestéision, o de los dibujos animados que lo tienen pegado a la caja tonta. El circo es ilusión, es ver lo nunca visto, sorprenderse ante lo nuevo. ¿y qué no han visto los ojos de un niño, por ejemplo, a los ocho años?.

El caso es que los circos continúan, con mayor o menor fortuna, recorriendo la geografía de todo el mundo, quizá con menos niños, porque ahora, en este lado del mundo, en general, hay menos niños. Y los que van, siguen abriendo mucho los ojos, teniendo miedo a las pirañas, a los leones y a los tigres. Y los saltos allá arriba en el trapecio siguen siendo igual de espectaculares y siguen teniendo el mismo riesgo. Y son los ojos de niño, y los de sus padres mirando a través de ellos, los que seguirán manteniendo vivo el circo

Lo que se pierde no son los niños, sino su inocencia, su mirada, algo que cada vez se produce antes. Y es entonces cuando tenemos que preguntarnos por qué nos preocupamos en asesinar lo más puro que hay en el mundo. Y también por qué acabamos considerando marginal algo que les pertenece a ellos. Algo que un día fue calificado como el mayor espectáculo del mundo.

Comentarios