Erase una vez..., "Raíces"

Margarita Gabarre

Erase una vez un Ayuntamiento de una pequeña ciudad. Un día su alcalde dijo a los habitantes ?¿Por qué no creamos un centro de cultura popular??. ?¡Sí, vecinos, -exclamó- un centro que sirva de centro de operaciones a los grupos o asociaciones que se dedican a trabajar y a investigar en el folclore y las tradiciones de nuestra ciudad! ¡Un centro que sirva de punto de encuentro a coleccionistas y otros colectivos! ¡Un centro que sirva además para acoger un museo sobre uno de los elementos más característicos de nuestras fiestas: LOS DANZANTES! ¡Lo construiremos en el barrio de los hortelanos y lo llamaremos Raíces!

Y la gente aplaudía. Y los colectivos, incluidos los danzantes, gritaban: ?¡Sí, siiiiii... ¡, !Hurra, hurraaaaaaaa...!?.

Al cabo de un año, (incluso puede que algo más), el centro estuvo terminado, con alguna que otra dificultad. Pero, el alcalde, dos días antes de que dieran comienzo las fiestas mayores de la ciudad, reunió a todos los ciudadanos, para enseñarles cómo había quedado. Las cámaras y los periodistas de numerosos medios recogieron ese momento. Y todos los asistentes pudieron ver ese museo en el que se agrupaban objetos, recuerdos, fotografías, trajes y documentos cedidos por los danzantes y sus familias.

El nuevo museo permaneció abierto mientras duraron las fiestas. Y en ese tiempo numerosos vecinos de la ciudad se acercaron hasta él para conocer la colección que en él se guardaba. Sin embargo, el último día de las fiestas, al llegar las doce de la noche, toda la ilusión y la magia laurentina acumulada a lo largo de todos esos días festivos se quedó atrapada entre esas cuatro paredes y las puertas del museo se cerraron impidiendo la entrada a los ciudadanos.

Y desde entonces todos esos recuerdos, fotografías, trajes y documentos permanecen olvidados y cogiendo polvo, esperando que alguien, (un príncipe azul o un danzante laurentino, que aquí todo vale) rompa el encantamiento. Y colorín, colorado... ¿el cuento ya ha terminado?

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