Lo mío es mío; lo tuyo, también.

Esther Puisac

En este lunes, se inicia el lento proceso de vuelta de todo aquel patrimonio aragonés que por A, B, C, y hasta el motivo Z, se encuentra en estos momentos en Cataluña. Una comisión eclesiástica con obispos y técnicos va a discutir si ?esta pieza es tuya o es mía?, si ?yo la he cuidado mejor que tú y ahora te la llevas?, o si ?será mejor que yo me quede con esto por el momento mientras tú te vas construyendo un museo digno de albergarlo?.

Difícil trabajo el de la comisión, y difícil el del mediador, a pesar de que el Nuncio, la máxima representación de la Santa Sede en España, ha manifestado que no se puede estar discutiendo si el patrimonio de la cristiandad es tuyo o es mío.

Pero en esta situación, lo más gracioso es comprobar la doble cara que hay en estos asuntos patrimoniales, ya no tanto por la Iglesia en sí, sino por el sentimiento nacionalista catalán que ha hecho de este asunto una de sus banderas.

Vamos a tirar de memoria, y sólo tenemos que pensar en las numerosas reivindicaciones y las presiones políticas que Pujol, como socio en el anterior gobierno de Aznar, realizó para que los archivos de Cataluña que se guardan en Salamanca se alojaran finalmente en la comunidad catalana. Y dando la vuelta a la tortilla, tenemos a Pujol resistiendo, y apoyando cuanto paso se diera para no devolver unos bienes, que en las exposiciones reflejan claramente su procedencia altoaragonesa. ¿Y qué me dicen de los archivos del Reino de Aragón que hay en Barcelona?

Sirvan estos pequeños recordatorios para la reflexión, durante ya los pocos días, las pocas semanas que nos separan de volver a tener en sus lugares de origen todas aquellas piezas en las que nuestros antepasados quisieron mostrar su devoción, o su agradecimiento por una buena cosecha.

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