Continúa el riesgo alto de incendio en el territorio aragonés.

El dispositivo especial de prevención y extinción de incendios que el Gobierno de Aragón establece todas las temporadas ha pasado a su fase de intensidad media una vez que se han superado los meses más críticos del año.

Sin embargo, la ausencia de lluvias durante todo el verano ha dejado el medio natural muy seco lo que puede propiciar la aparición de focos de fuego tardíos, que engrosarían la cifra de hectáreas calcinadas.

Hasta finales de octubre el dispositivo actual permanecerá operativo entrando, entonces, en la fase de intensidad baja que durará hasta los meses de febrero y marzo.

No obstante, las condiciones de las masas forestales y de los campos de matorral del territorio aragonés obligan a no bajar la guardia ante la posibilidad de que se produzca algún incendio, si no llueve en las próximas semanas.

CINCO MIL HECTÁREAS CALCINADAS ESTE AÑO EN ARAGÓN.

La superficie quemada este verano supera la suma de los cinco años anteriores. Los datos recogidos hasta la fecha reflejan que han ardido en torno a las cinco mil hectáreas. El incendio de mayores dimensiones se producía a comienzos de agosto en la Sierra de Loarre.

La provincia de Huesca ha sido la más perjudicada este año por el fuego. Hay que sumar al de la Sierra de Loarre, o también llamado de Riglos, el de Bernués, Peralta de la Sal, Santa Eulalia la Mayor, San Julián de Banzo, Ola, Rapitán,... También se han producido este verano incendios en Castejón de Valdejasa, Santa Cruz de Grío, Ariza y Villanueva de Huerva.

En la década de los noventa el verano más crítico se situaba en el año 1994, en el que la cantidad de hectáreas calcinadas ascendía a casi treinta y dos mil quinientas.

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