Alzheimer, la mancha del olvido

Cristina Pérez

La mancha del olvido avanza lentamente y la vida de quienes rodean a los enfermos de Alzheimer se ve sujeta, permanentemente, a un finísimo hilo que les ata a su realidad y a la realidad del paciente.

El Alzheimer comienza con una abuela que se despista demasiado y que, hasta resulta graciosa cuando un día aparece con el abrigo sobre el camisón en la calle, y acaba con una abuela desconocida de mirada fría y habitando una galaxia llena de sombras y de interrogantes.

Científicos, investigadores, médicos, y hasta filósofos andarán buscando ese agujero negro de la mente por el que se escapan los recuerdos de una vida. Algunos están convencidos de que el camino es de ida y vuelta y que en algún momento pueden regresar dando vida a la mente. Sin embargo los hijos de los enfermos de Alzheimer saben que es irreversible, que es muy difícil superar el dolor que produce comprobar que tu padre no te conoce, que para tu padre no existes.

Y es tan injusto. Los quebrantos de una larga vida, las alegrías de los hijos, el primer beso, el primer trabajo, los amigos, el aroma del caldo en el puchero... no queda nada. Solo unos ojos inexpresivos, un gesto violento , una rabieta de niño pequeño que no quiere a nadie.

Los hijos se preguntan si no habrá ningún momento del día en el que el abuelo se percate de que está en casa, de que le quieren, de que el cariño todavía le mantiene junto a los suyos. Los suyos que están desquiciados. Desolados y agotados de la vigilia permanente, de las guardias nocturnas, de los sustos y de ver como un ser humano se desmorona mientras la mancha del olvido avanza por su mente.

Hoy es el día mundial del Alzheimer, es el Día Mundial de los familiares de los enfermos de Alzhheimer.

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