La basura que generan los turistas desborda a las localidades pirenaicas

En el mes de agosto las basuras urbanas también cambian de residencia y mientras las grandes ciudades ven como desciende el volumen de los desechos de los contenedores poblaciones turísticas como las del Pirineo oscense se encuentran con una avalancha de residuos a la que no todos están preparados para hacer frente. Un estudio reciente señala que en Aragón se producen 1.200.000 kilos de basura diarios. De los que una quinta parte se recogen en el Pirineo.

Según el Plan de residuos del Gobierno aragonés, la recogida selectiva se hará por medio de cinco contenedores distintos. En las aceras estarán los contenedores para la materia orgánica. Estos tendrán una densidad de un contenedor para cada 75 habitantes. Además, se agregará un área de aportación para el vidrio, el papel y el cartón y los envases ligeros (plásticos, latas y tetrabrik). La densidad será de un contenedor para cada 500 habitantes. Algo que preocupa a los pequeños municipios ya que son muchas las localidades del Pirineo que durante el año no llegan a los 200 habitantes, sin embargo, en esta época estival algunos de estos pueblos triplican su población e incluso hay otros que llegan a quintuplicarla en momentos puntuales. Lo que repercute directamente en el aumento de basuras.

Otro tema que preocupa a los pequeños municipios es el transporte de estos residuos hasta los vertederos de Huesca o Barbastro. A la capital oscense se transportarán los vertidos de las comarcas pirenaicas de la Jacetania y el Alto Gállego. Barbastro recogerá los de la Ribagorza y Sobrarbe. Los vecinos de estas localidades se preguntan cómo se transportarán todos los residuos hasta los vertederos y cuál será el coste de ese transporte

Mientras los ayuntamientos hacen lo que pueden para pasar el trago de agosto, los ciudadanos acostumbrados a gestionar bien sus residuos (separar los orgánicos, el papel, el vidrio y los envases, depositándolos en los contenedores correspondientes) pueden encontrarse con la sorpresa de que en su residencia veraniega no hay oferta de recogida selectiva. También suele ocurrir que los contenedores estén tan lejanos que se desiste de verter correctamente los residuos. Con ello, además, se corre el riesgo de olvidar buenas costumbres ya adquiridas.

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