El coleccionable

Esther Puisac

Con la caída de la hoja, en el momento en el que nos dejamos una pasta en rellenar la nevera tras el verano, y también en el equipo de los chavales para volver al colegio, nos tropezamos en los kioscos con los coleccionables. Pero un tropiezo literal. Grandes cartones con tapas, vídeos, casettes, compact disc, cajas, muñecos, fascículos y tomos que pretenden atrapar los propósitos de aprender inglés, informática o cultivar nuestros hobbies tal y como decidimos al final de las vacaciones.

Lo más curioso de todo es su impresionante variedad. Se puede coleccionar princesas de porcelana, muñecos de peluche, dedales, joyeritos, motos en miniatura, muñecas antiguas, lupas, dinosaurios, relojes clásicos y maquetas para barco junto a los tradicionales sellos o minerales. Gracias a los coleccionables uno puede ser un entendido en pocos meses en informática, en jazz, en películas de Humprey Bogart o de la familia Adams, en arte de todos los tiempos, en historia, en todos los idiomas habidos y por haber, aprender a hacer punto de cruz, a pescar, incluso pueden convertir al inútil que no sabe ni freír un huevo en todo un Carlos Arguiñano.

Y no se preocupe, porque si usted es de los que no tiene ninguna inquietud cultural, si no tiene ninguna afición por nada, los responsables de los coleccionables le hacen uno a su medida. Porque veamos, ¿a quién no le gusta la cerveza? Pues para él o ella existe la maravillosa colección de la historia de la cerveza junto con una colección de jarras, para que usted, a pesar de que no tenga afición alguna, cuando beba cerveza en la tasca de Manolo sea el erudito ?namberguán? en la rubia con espuma que se bebe, hablando de sus orígenes y las distintas modalidades de licor de cebada que hay en el mundo.

Lo peor de todo es que los coleccionables se diluyen proporcionalmente a la voluntad de todos aquellos que inician la colección, y a mediados de diciembre, los que siguen en sus trece de completar la colección, o los que tienen la maqueta del barco a medio hacer, encuentran serias dificultades para conseguir el fascículo siguiente. De todos modos, nunca se sabe hasta dónde nos puede cazar una de estas entregas de afición por partes. Por eso, acérquese al kiosco, busque la que más le gusta, y aunque sólo sea por ayudar al vendedor a solucionar los problemas de espacio, llévese el coleccionable a casa ¡Por favor!.

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