El desarrollo del girasol y la preparación de los campos para la próxima campaña, principales afectados por la sequía.

La ausencia de precipitaciones de lluvia durante la primavera y el verano ha propiciado que los campos presenten un estado de sequedad importante. No sólo tiene efectos la sequía en la mayor facilidad de propagación de incendios, sino también en los cultivos agrarios y en el sector ganadero.

En primer lugar hay que hablar del secano altoaragonés. Muy castigado por la sequía con una reducción significativa en los cultivos de invierno, así como en el girasol. La cosecha, en este caso, se iniciará en dos o tres semanas. Se esperaba que, tras no poderse sembrar en muchos campos el cereal de invierno, se produjera un incremento de las hectáreas sembradas de girasol. Sin embargo, las preferencias de los agricultores se decantaron por el maíz y la alfalfa. En el girasol, se han cultivado ocho mil hectáreas de secano y catorce mil de regadío.

La sequía ha provocado un pobre desarrollo del girasol en el caso del secano. En el regadío, la campaña de girasol va a ser muy favorable. En el resto de cultivos de regadío, la temporada va a desarrollarse satisfactoriamente; sin problemas de reservas de agua.

Otro de los efectos de la sequía en este verano 2001 es el que se orienta a la preparación del terreno para la siembra de los cereales de invierno en octubre.

Si el año pasado el exceso de lluvias impedía desarrollar esta labor, en este año, y aunque todavía quedan muchos días para llegar a octubre, se empieza a echar en falta la lluvia que permitiera preparar el campo con un menor coste.

También se ven afectados por la sequía los pastos de secano, cuya producción de forraje se ha visto mermada de forma importante.

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