¿Prohibido fijar carteles?

Cristina Pérez

Cuántas veces hemos visto en nuestras calles ese letrero de PROHIBIDO FIJAR CARTELES y, paradójicamente, se encontraba rodeado de carteles. Aunque el responsable de colocarlos donde no se debe es siempre la ?empresa anunciadora?, lo cierto es que son tantas estas empresas que, en verano, nos encontramos con las calles , casas, muros y escaparates prácticamente empapelados, como si formara parte de la decoración urbana.

Bueno, es normal, es normal que las fiestas ,las exposiciones, las galas, las conferencias, los bailes, las actuaciones, las muestras, todos quieran hacerlo saber a través de esta plataforma improvisada de medios de comunicación como es la calle. Pero, en verano y más aún, en agosto, se convierte en una ?guerra mediática? bastante curiosa. Porque se establecen unas batallas de quita y pon donde el récord, por lo visto, lo establece quien ha logrado en una tarde quitar más carteles de otros para poner el suyo.

Donde llega la crítica es en ese punto en el que las aceras se convierten en un basurero en el que los carteles agonizan y quienes los colocan, en su afán de que llegue a todo el público, son capaces de empapelar farolas, escaparates ajenos, semáforos, puertas de domicilios particulares y cualquier superficie más o menos vertical donde pueda pegarse el papel en cuestión.

Las calles de nuestra provincia, en verano, se transforman en un gigantesco periódico donde se leen exclusivamente notas de agenda, de tiempo de ocio. El problema es que no a todo el mundo le apetece formar parte de ese gran periódico anunciador, ni todos los propietarios de establecimientos están por la labor de ceder parte de sus escaparates a esta causa estival.

Tampoco es cuestión de llenar las paredes del cartelito de ?Prohibido Fijar Carteles?, porque se caería en el mismo problema y no acabaría nunca esta rueda mediática-callejera.

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