Sentimientos

José Luis Rodrigo

Como la Navidad, San Lorenzo vuelve cada año y nos invade de sentimientos. Estos días he visto llorar a muchos oscenses y cada uno seguro que por motivos distintos. Son jornadas para divertirse, para disfrutar; pero también son fechas para llorar y emocionarse.

Pedro Lafuente, Federico Balaguer, José Manuel Porquet, Manuel Giménez Abad nos dejaron (o nos los robaron) y ellos nos traen muchos recuerdos. Pero además de ellos hay muchas familias que han perdido a un amigo o a un ser querido. Al pasar San Lorenzo o los Danzantes por las calles de Huesca es el momento en que el corazón late más deprisa, en el que aparecen sus imágenes viviendo la fiesta, con una sonrisa, una frase, un gesto o un comentario.

Este año también estamos viendo algunos sentimientos únicos. Sentimientos que nos desbordan al ver a la colonia ecuatoriana abrir la procesión, al hostelero Lorenzo Acín vivir apasionadamente todos los actos, a Pedro Lafuente Llés abrir de par en par la botería en la que trabajó su padre al igual que sus antepasados, a Juan Andreu que cede el testigo como danzante a su sobrino, a la familia Luna realizando el sueño de uno de sus hijos o a la familia Rivarés ver a su hija lanzando el cohete superando una discapacidad.

Pero también hay otros sentimientos, los de José Luis Ramos, comerciante del mercado que hoy, danzando en lo que fue su plaza, dirigía a cada momento su mirada que se perdía hacia una fachada que tiene miles de recuerdos y que destartalada guarda parte de una vida. Un recinto que dentro de poco se transformará en oficina de turismo. Los tiempos cambian y ya no hay fiesta del mercado, es la del comercio. A lo mejor dentro de unos años hay que celebrar la de Internet. El sabor de ver a los Danzantes en el escenario de la plaza Luis López Allué y ese almuerzo de melón y vino no lo dará nunca el nuevo comercio electrónico, aunque hoy hayamos sido testigos del final de una etapa: el momento en el que la huerta oscense ha dejado su hueco a la nueva economía.

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