La juventud amortiza la inversión realizada en los locales particulares.

En una fiesta como la de San Lorenzo, destinada a un público tan variopinto, destaca la coincidencia de todos los jóvenes a la hora de elegir sus sitios favoritos de las fiestas; además incluso se puede hacer un pequeño itinerario donde las peñas, los conciertos y los bares de la zona del tubo se convierten en lugares de visita obligada para la juventud. El itinerario que cada año sufre pocas variaciones quedó compuesto este año de la siguiente manera.

La ruta empieza generalmente a la hora de acudir junto con las peñas a los toros. Siempre, como corresponde a los jóvenes, a la zona de sol, donde está el ambiente de fiesta propiamente dicha, aunque a veces no se haga demasiado caso al arte taurino de los diestros.

A la salida de los toros se recorre el coso y se suele tomar un pequeño refrigerio en los veladores de la zona de los Porches de Galicia.

Cuando se acerca la noche es la hora de dejarse envolver por los ritmos de los conciertos, ya sean programados por el ayuntamiento o las peñas. Sin embargo, la climatología sufrida este año ha redirigido el destino de muchos jóvenes oscenses, hablamos de la proliferación de los locales particulares. La juventud inicia este año la noche en compañía de sus amigos más cercanos, en recintos cerrados que han ido preparando a lo largo del año para estas fechas. Cuando la noche esta avanzada, es el momento de disfrutar de las estrecheces y el buen ambiente que circula por toda la zona de marcha conocida como tubo y que recorre el corazón oscense desde la plaza de la Catedral hasta la calle Padre Huesca. La noche se convierte en aliada de los jóvenes que circulan con total libertad e inhibición, generalmente provocado por la mezcla de alcohol y cansancio.

El alba se va acercando y antes de acudir a las vaquillas, o a las carreras de burros, es obligatorio pasarse por las peñas para ver amanecer al ritmo de las canciones del verano.

Posteriormente la marcha termina como empezó, en la plaza de toros, asistiendo en masa a la becerrada matinal para posteriormente tomar un pequeño almuerzo y acudir al hogar para conseguir el reposo tan merecido de los guerreros más jóvenes.

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