Historia reciente de la Parroquieta de Huesca

Se ha inaugurado esta semana la parroquia de la Catedral, un recinto que todos los oscenses conocen como la Parroquieta. Se trata de una pequeña iglesia pegada a la catedral del Huesca, o más en concreto a su claustro. Una obra que ve la luz como una nueva sala del Museo Diocesano, más en concreto la sala de arte renacentista y barroco. Ahora, luce como nueva gracias a cerca de 100 millones de pesetas de inversión, con una nueva decoración pintada en verde manzana, nueva iluminación, sonorización, nuevo pavimento y también nuevos elementos que decoran la estancia. Pero hay que recordar que hace tan sólo 5 años estaba asegurada su demolición. Así lo contemplaba uno de los planes especiales para el casco viejo. Se llegó a asegurar que nunca debía haberse construido este edificio en el siglo XVIII, pero ahora, el recinto se engloba a la perfección como una sala del museo diocesano. Dicen los entendidos, que de haberse tirado la parroquieta, saldrían a la vista los arcos apuntados de la crujía del tramo del Papa Luna, aunque se encuentran tan deteriorados que habría que rehacerlos por completo.

Entre los secretos que esconden estos muros, también hay uno que lo esconde su suelo. En las obras de rehabilitación de esta iglesia se descubrió un aljibe de la baja edad media, con una buena construcción de sillares que le ha permitido permanecer intacto a lo largo de unos cinco siglos. Finalmente decidió cubrirse esta cúpula subterránea pero ahora, cuando usted pasee por estas instalaciones, podrá saber dónde estaba gracias a unos ladrillos que, en color más claro que el resto del suelo, delimitan el contorno de este antiguo depósito.

Esta parroquieta se encuentra situada sobre lo que antiguamente era el claustro de los canónigos, uno de los 3 que contaba antiguamente la Seo oscense, y que ocupaba además parte de la plaza de la Catedral. Son 600 metros cuadrados, que además de vestirse con pinturas, lienzos y esculturas luce engalanada con 3 joyas de nuestro patrimonio. La primera, ubicada en el presbiterio, es el retablo de la capilla de la abadía de Montearagón, obra de Gil Morlanes padre.

Una joya en el altar y la otra en su coro, es la antigua sillería de la Catedral de Huesca. Una sillería que data del siglo 16 cuya historia tras su salida del centro, la mantuvo durante años en esta parroquieta, pero acumulando polvo. Una parte de ella se ubicó, y allí todavía permanece, flanqueando el altal mayor de Forment en la catedral. Las sillas restantes, a excepción de una cuyo mal estado era considerable, se encuentran ahora restauradas en el coro de esta parroquieta, un trabajo que ha realizado el equipo de restauración de Alberuela de Tubo. En medio, el facistol, el lugar donde se apoyaban los libros medievales para su lectura. Las obras de restauración y de reubicación de esta sillería han tardado dos años en finalizarse, a pesar de que las piezas se encuentran en un gran estado de conservación. El traslado y la colocación de estas valiosas piezas de madera ha sido un trabajo poco menos que de chinos.

Una sillería con una iconografía curiosa. Como figuras más aparentes, vemos un santo como respaldo de cada uno de los asientos superiores, y sobre ellos, en un tamaño más reducido se explica la forma de su martirio.

Y la tercera de las joyas se sitúa en uno de los extremos del crucero. Se trata de un retablo de plata con dosel que antiguamente se colocaba y montaba delante del altar de Forment en momentos puntuales del culto eclesiástico, como por ejemplo, el Corpus Christri. Tras los nuevos hábitos que la Iglesia adoptó tras el Concilio Vaticano II, este retablo ha permanecido desmontado y guardado durante unos 30 años.

Este Museo diocesano de Huesca nació a propuesta del Cabildo metropolitano de la Seo en 1945. Su reconocimiento definitivo data de 1950, por decreto del Obispo don Lino Rodrigo Ruesca que fijo su ubicación en las salas capitulares de la capital oscense. Esta Parroquieta fue ya desde 1975 museo diocesano, unas dependencias que fueron cerradas por remodelacion en 1996. Tres años después, se abrían como Museo Diocesano dos salas de arte medieval en las dependencias del claustro gótico de la Catedral. Junto a ellas, también una sala dedicada a la orfebrería.

Una parroquia pequeña, una parroquieta, situada en pleno corazón de la ciudad, donde se junta la historia musulmana y cristiana, y que hoy, con aspecto remozado se abre a los oscenses para que se adentren en ella, como esa gran desconocida de la plaza de la catedral.

Para todos aquellos que deseen conocer más detalles de la Parroquieta oscense, el Obispado ha organizado un servicio de visitas guiadas gratuitas durante los días 1, 2 y 3 de agosto, en horarios de 11?30, 18?30 y 19?30.

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