Ponga un congreso en su vida.

Cristina Pérez

Hace veinticinco años, cuando Jaca lanzó a los cuatro vientos su intención de construir un Palacio de Congresos, el mundo más cercano se llevaba las manos a la cabeza. ¿Cómo una ciudad tan pequeña pretende activar su vida a través de la vida congresual?. Los comienzos estuvieron más dirigidos a potenciar la vida cultural de la propia ciudad, con sala de cine incluida y con exposiciones, para ir adentrándose poco a poco en la captación de seminarios y congresos. Las instalaciones también han intentado adaptarse a las exigencias de los participantes que excepto el ansiado y ya proyectado aire acondicionado, responden añadiendo el encanto para los congresistas de tener a mano todo: el trabajo, el hotel y el entorno.

No ha sido nada fácil porque el mercado de congresos sigue estando acaparado por las grandes ciudades y por técnicos que se dedican casi exclusivamente a la caza y captura de futuros congresistas. El camino hasta llegar a la celebración del sábado de las bodas de plata, ha estado plagado de muy buena voluntad y de muchísimo trabajo, apoyándose siempre en la imagen que Jaca lanza en el exterior.

El que llegó a ser el único Palacio de Congresos de nuestra Comunidad se ha convertido ahora en la meta de otras muchas ciudades aragonesas que también quieren uno. Pero no hay que olvidar que cuando una facultad universitaria, una asociación o una comunidad científica elige una sede para su actividad, elige también el entorno. Y cada vez se huye de la vida urbana y cada vez se busca más la cercanía de las calles pequeñas, del trato personal, de una hora en autobús para llegar a la nieve o a un Parque Nacional. Es el minimalismo llevado también a la vida congresual. Y esa oferta si la da Jaca.

Un cuarto de siglo después el Palacio de Congresos de Jaca sigue creciendo y, además, ha sido capaz de añadir a la ciudad otro apellido que se suma a los que ya contaba: JACA CIUDAD DE CONGRESOS.

Es cuestión de tiempo y calidad.

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