Pretorianos al Gobierno

Los augures capitalinos volvieron a fallar. Con excepción de Radio Huesca Digital, que el mismo día de la dimisión de Alejos-Pita como consejera ya sugirió a sus lectores el nombre de Eva Almunia como sucesora, han errado.

No se trata ahora de sacar pecho por lo listos que somos o, quizá alguno pudiera sugerirlo, por disponer de información privilegiada. Hicimos, simplemente, una composición de lugar, partiendo de lo que, entendíamos, debía ser el retrato robot de la persona destinada a asumir la responsabilidad de la educación aragonesa para el próximo curso. Y, por lo que parece, nos aproximamos bastante al perfil que había dibujado el Presidente Iglesias.

No era especialmente difícil, si atendemos a los elementos que han hecho fracasar a la consejera dimisionaria. Y menos difícil todavía sabiendo que una de las claves esenciales para el recambio era la sintonía y la cercanía política a Iglesias.

Eva Almunia ha sido, siempre, persona afecta al actual Presidente del Gobierno Aragonés; ha sido, para más señas, una de las muñidoras del desembarco de Marcelino en la órbita del convulso PSOE zaragozano. ¿Se acuerdan del Beirut socialista? Tienen en común el haberse tragado juntos el humo de un montón de batallas políticas, no todas ganadas, precisamente.

En ese camino diario Almunia ha sido un buen puntal sobre el que Marcelino Iglesias ha cimentado su importante proyección política, tanto en Huesca como en Zaragoza. La lealtad y la fidelidad han cimentado una confianza ciertamente necesaria para quien debía asumir una responsabilidad importante, y en una situación bastante inquietante.

Iglesias erró una vez al buscar para una parcela tan difícil, y en un momento tan delicado como el de poner en marcha las trasferencias, a una persona con escaso bagaje político. No se lo puede permitir otra vez. Y por eso ha apostado, ha puesto al frente de la consejería a alguien capaz de hacer política; para las cuestiones técnicas ya están los técnicos y los funcionarios. Y ya solo quedan dos años para hacer una verdadera política educativa en Aragón.

Eva Almunia, que puede hacerla, tendrá que entender que su actual responsabilidad poco tiene que ver con el Ayuntamiento de Huesca o con la Diputación Provincial altoaragonesa, corporaciones en las que ha acuñado un estilo ?muy personal? de hacer las cosas: muy personal y bastante controvertido. Pero un estilo, y eso es lo que cuenta, absolutamente renovador y modernista que ha cambiado, por ejemplo, el panorama altoaragonés de la cultura. Esa es la Eva Almunia, creativa, innovadora, eficaz, que necesita Marcelino Iglesias en su Gobierno; y, ojalá podamos afirmarlo dentro de dos años, precisaba la educación aragonesa.

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