Los cuentos de Huesca

Esther Puisac

Huesca, ese pequeño lugar, esquinita donde en ocasiones da la sensación que el mundo acaba, se convierte a veces en escenario de cuentos extraños. A veces, la propia historia son los personajes, porque en este pequeño grupo en el que "nos conocemos todos", existen también individuos que nada tienen que ver con la masa. Hay recuerdos que hablan de embajadores de la China, que a principios del siglo pasado traían a sus familiares de Huesca sedas y sombrillas exóticas, que las damas de la familia lucían en procesiones y eventos sociales. Telas de la China para una Huesca de blanco y negro. Pero no hay que remontarse tanto, en esta ciudad que una vez estuvo invadida de huellas pintadas.

En cuestión de meses, los medios de comunicación hemos contado algunos informaciones que merecen pasar a las páginas de oro de la pequeña historia. Bukuyun Kan es una gran actriz en Corea, una actriz de telenovelas coreanas, con amores coreanos, ambiciones coreanas y cuernos asiáticos. La actriz fue invitada a un programa de televisión que propone pruebas a los famosos. Y en lugar de saber cuánto tiempo son capaces de aguantar quietos, metidos en hielo con bañador mientras 200 tarántulas ascienden por su cuerpo, decidían mandar a la afamada actriz de culebrones a Huesca, para que aprendiera a bailar la jota en 3 días. Con un esguince y, a pesar de eso, mucha gracia, Bukuyun Kan se fue a Corea con la prueba superada.

Pero lo que de verdad hubiera sido gracioso es comprobar la cara que se les quedó a los asistentes a la Lonja de Binéfar en su sesión de hace unas semanas, cuando un representante iraní prometía llevarse todo el ganado vacuno a un precio mayor que el de intervención que paga el Gobierno tras la crisis de las vacas locas. El iraní no sólo se vino con el fajo de billetes, sino que mientras glosaba las excelencias de la calidad de la Lonja, que habían llegado hasta su país, aseguraba que tenía varios barcos amarrados en el puerto de Barcelona. Lástima que las operaciones de compraventa sean privadas, para conocer si el dinero era de verdad, o saber cuántos fueron los animales que cambiaron su vida pacífica en la Litera por un matadero iraní.

Son pequeñas historias, que suceden de ciento a viento en una ciudad, en una provincia donde es difícil hacer una cosa sin que la sepa el vecino, y donde es casi imposible pasar desapercibido. Y mientras llega la próxima historia de este libro de cuentos, aquí, seguiremos preocupándonos de otros asuntos más importantes. Por ejemplo, de cómo la abundancia de marmotas en algunos puntos de nuestros ríos están causando serios problemas de abastecimiento al colarse por algunos conductos que no debieran.

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