El Perro del Hortelano viaja en tren

Esther Puisac.

El dicho ?Nunca llueve a gusto de todos? lo debió de inventar un aragonés, y si no cualquiera que observara nuestra conducta. Si hay partes del carácter que vienen marcadas por la tierra, por la cultura de un pueblo, en Aragón, una de ellas es poner ?peros? a todo lo nuevo. Si hablamos de crear una nueva estación de esquí, queremos proteger los pinos. Si queremos proteger los pinos, siempre hay alguien que quiere desarrollar la vida de la montaña talándolos para ampliar un campo de cultivo. El que quiere ampliar el campo de cultivo recibirá las críticas de todos los del pueblo, incluso derivará en prohibición del ayuntamiento. Y descuiden que será prohibición, y no ley para que todos los del pueblo amplíen también su campo.

Lo mismo pasa ahora con el Canfranc. Ni los más antiguos recuerdan la fecha exacta en la que comenzaron las reivindicaciones para recuperar y abrir de nuevo todo lo que en la estación pirenaica se estaba pudriendo. Quizá no recuerden el momento en que comenzó esta lucha, pero sí que podrán hablar de cuando, hace un año, los pocos aragoneses que habitamos este extenso territorio nos concentramos por un día en Canfranc para pedir que de una vez por todas se nos haga caso. A partir de ese momento, el interés de las administraciones autonómica y central se ha puesto de manifiesto con el anuncio de multimillonarias inversiones. Entre las primeras en llegar, las de la comunidad, que pretenden recuperar el tráfico potenciando el entorno. Primero se anuncia que se convoca un concurso de ideas, luego el concurso se convoca; después los arquitectos se presentan. Posteriormente, y como en la mejor de las ligas, se van descartando opciones hasta llegar en las últimas horas a la final con los equipos de Arata Isozaki y Oriol Bohigas. Y en el momento en que los millones están a punto de llegar, cuando ya todos están de acuerdo con que sea Bohigas el redactor del proyecto, desde Canfranc consideran que podrán ser galgos, pero hubieran sido mejor los podencos.

No entramos en quién realmente puede tener la razón, sino en que quizá este carácter nuestro de mirar todo lo nuevo con un escepticismo socarrón --- hecho a base de desengaños de las Instituciones ---- nos ha traído más disgustos que alegrías, más pobreza que riqueza. No podemos ponernos a criticar un proyecto cuando tan sólo es una idea. Ahora, en la redacción y en la ejecución de las obras es cuando se debe vigilar, aportar iniciativas y añadir nuevos matices en lo necesario. Y que las críticas sirvan tan sólo para recordar que cada peseta que se invierta en Canfranc, por muy bien invertida que esté, llega con un siglo de retraso.

Comentarios