Huesca ha vivido un mal año agrario y ganadero

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Representantes del sector primario altoaragonés hacen un balance negativo del año 2002 por el descenso en las producciones; los bajos precios registrados; la sequía acumulada en el otoño de 2001, y en el invierno y verano de 2002; también por el retraso en la ejecución de los embalses incluidos en el Pacto del Agua; y por la incertidumbre generada al conocerse la intención de la Comisión Europea de reformar la PAC.

El año 2002 ha sido bastante difícil tanto en secano como en regadío, con una reducción de las producciones cifrada en un 3 por ciento, si bien el trigo se puede considerar una excepción con un incremento significativo respecto a la campaña anterior.

Los precios de los productos descendían durante el año 2002 lo que motivaba un retroceso en la renta agraria. Se ha denunciado la gran diferencia existente entre lo que recibe el agricultor y el ganadero, y lo que ha de pagar el consumidor.

Si difíciles han sido las cosas en el subsector agrario, en el ganadero no han sido más sencillas. Sí se ha recuperado el vacuno del mal momento vivido a raíz de la crisis de las vacas locas, pero el resto de especies ha experimentado un retroceso en las cotizaciones.

Los dos grandes sistemas de regadío de la provincia de Huesca, Riegos del Alto Aragón y Canal de Aragón y Cataluña, han pasado un año especialmente complicado, con restricciones en sus respectivas campañas, debido a la sequía acumulada durante meses. Los aportes de los ríos eran muy escasos y los embalses no podían satisfacer las demandas existentes.

Los agricultores y ganaderos del Alto Aragón han seguido demandando durante este año 2002 la pronta ejecución de las obras de regulación incluidas en el Pacto del Agua. Paralelamente se ha puesto mucha confianza en el Plan Nacional de Regadíos, con la ampliación de superficie y con la modernización de las infraestructuras ya existentes.

Ha preocupado sobremanera la propuesta del comisario europeo de Agricultura, Franz Fischler, de reformar la PAC. Las ayudas que reciben los agricultores y ganaderos de la provincia de Huesca suponen más del 40 por ciento de su renta, por lo que de llevarse a efecto las intenciones iniciales de la Comisión Europea muchas explotaciones desaparecerían.

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