Manifiesto contra el terrorismo

Fernando Elboj, alcalde de Huesca

El siniestro atentado del sábado ilustra, con dramática nitidez, la tragedia del terrorismo. De un lado, la víctima: un servidor público que había tenido la valentía de denunciar, con propia voz, el salvaje atropello de la convivencia. De otro, el asesino: un fascista dispuesto a silenciar la universal defensa de la paz mediante la brutalidad de un crimen. Esa mañana, en un bar de Andoain, la gente de bien y los sicarios se ajustaban al papel que representan ante la Historia. Los unos, aferrados a la esperanza de la convivencia y la sensatez, hacían de la normalidad una victoria. Los otros, impasibles en su mezquina condición de criminales, pretendían elevar el pánico al rango de lo normal.

En los últimos meses, el esfuerzo colectivo ha permitido asestar golpes decisivos a la banda terrorista. Que nadie, sin embargo, se llame a engaño: basta una sola mano para empuñar un arma, y muy pocos se bastan para explotar la repugnante rentabilidad del miedo. Los éxitos policiales no deben relajar nuestro compromiso cívico, porque la estrategia etarra sigue viva. La extorsión social, el insolente desprecio de los derechos humanos, la exaltación de la fuerza frente al espíritu de la razón?

ETA se alimenta de nuestro dolor, pero aspira a nuestra desesperanza. No sería humano renunciar al primero, pero sí podemos negar a los asesinos el triunfo sobre nuestras emociones. La Ciudad de Huesca se mantiene firme en su apuesta por la vida, y es inequívoca su adhesión a los principios constitucionales. El pueblo oscense envía su abrazo solidario a los familiares de la víctima, al pueblo libre de Andoain y, particularmente, a su Cuerpo Municipal de Policía. Y con él suscribe, un día más, su vocación de convivencia y pluralismo, el derecho inalienable a la vida y a la libertad de expresión, y la vigencia de los valores humanos que inspiran nuestra Constitución.

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