Olor a casa

Cristina Pérez

Cada vez que sale de su cocina, el mundo le huele a poco. Cada vez que sale de sus fogones, el color de la calle le parece gris, cada vez que sale de sus aromas, nada le sabe igual.

Javi vive en la cocina de su restaurante, con horarios excesivos y con calores infernales y se maneja con la misma destreza entre las trufas más caras del mercado o los boliches más naturales del pueblo. Javi lleva los fogones metidos en sus sentidos, en los cinco, y la cocina la convierte cada mañana en su particular estudio. Si el talante está creativo la cocina que salga hoy será colorista , con postres llamativos, abundantes y tropicales; si Javi anda tristón seguro que los fogones hoy se apagan y se enciende el horno para dorar a fuego lento sus emociones.

Javi siempre quiso ser cocinero y ha logrado ser cocinero de esos que viven la cocina como un taller donde se elabora arte, seguramente del más perecedero, pero arte para el paladar. Cuando cada mañana entra a su cocina la encuentra brillante, enviándole desde las perolas guiños de complicidad que esperan respuesta del talento de Javi. Cuando , de madrugada, acaba la jornada, la cocina es un campo de batalla donde la imaginación una vez más ha vencido y lo mediocre ha caído derrotado.

En la cocina de Javi se cuecen sus mejores sueños gastronómicos y se fríen las ideas más chispeantes.

Javi es cocinero, Javi nació cocinero, Javi vive para crear y cuando te presenta el plato no sabes si sacarle un fotografía y enmarcártelo o proceder y comértelo. Si te lo comes todo será el mejor homenaje, aunque a veces de pena destruir una obra tan perecedera y en ocasiones, te comerías hasta la firma del autor, si la hubiera. Que no sé por qué no la hay.

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