Muerto en conflicto

Lorenzo Río

Resulta increíble pensar en el fanatismo que supone el trabajo para quienes aman de verdad su profesión. No todos lo pueden decir. Mejor dicho, casi nadie. Sólo unos pocos que realmente hipotecan toda su vida a un arte, a un hacer, al hacer periodístico en este caso; algo que personalmente siempre he considerado no una profesión, sino una forma de vida. Pocos oficios impregnan tanto la vida de quien los ostenta como es el caso del periodista. ¡Dura vida la de éste! se suele decir.

Hoy quiero hacer un pequeño homenaje a un compañero de profesión, a un increíble profesional de la información, y lo digo así porque no era periodista de titulación pero sí de corazón. Estos días ya han conocido su historia a través de otros medios de comunicación; él es Ricardo Ortega, corresponsal de Antena 3 Televisión que falleció el pasado fin de semana mientras se encontraba cubriendo la revuelta popular contra el presidente de Haití, Jean Bertrand Aristide. Ricardo se encontraba disfrutando de una excedencia laboral por asuntos personales cuando estalló este conflicto, pero su amor al trabajo y su mono por cubrir un nuevo conflicto, hicieron que llamase a su redacción en Madrid para ofrecerse como corresponsal de la cadena en este conflicto.

Ricardo Ortega abandonó la tranquilidad de sus días de descanso para introducirse en el momento de mayor ebullición del conflicto. Un conflicto que le ha arrebatado la vida en un inesperado fuego cruzado en las calles de Puerto Príncipe. Una bala que ha roto con unas ganas de vivir la profesión que le llevó a cubrir muchos conflictos al pie de la noticia, como le gustaba a él ofrecer la información, de una manera muy arriesgada pero como él decía, la noticia sólo es noticia, si llega a tiempo. A él le debemos el conocer a tiempo real que los 2 aviones que el 11 de septiembre del año 2001 se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, se iban a convertir en uno de los mayores atentados de la historia de la humanidad, o sus magistrales crónicas sobre la decadencia del Imperio Ruso en los años 90.

Un compañero de profesión, un aguerrido periodista, que en tan sólo 37 años de vida ha conseguido relatar importantes páginas de la historia mundial. Sólo nos queda darle las gracias por enseñarnos cómo se puede llegar a amar de una manera comprometida el propio quehacer periodístico. Gracias por todo.

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