Tragedia en Sabiñánigo

Félix Fernández-Vizarra

La provincia se ha despertado con aire de tragedia. Un niño de 8 años perdía la vida en un accidente ocurrido en la madrugada en Sabiñanigo. Cuando disfrutaba de la noche festiva, en compañía de su madre, una descarga eléctrica, al pie de una atracción de feria, segaba su corta vida.

Sucesos como este hacen que nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena. Es cierto que el accidente no ocurre, como en otras ocasiones por un mal funcionamiento, por un fallo en la propia atracción. Casi cada verano una mala noticia de estas características salta al primer plano de la actualidad. En esta ocasión, aunque el juzgado deberá determinar las circunstancias en las que se ha producido el accidente, parece que son de naturaleza distinta al funcionamiento y montaje de la atracción.

Una descarga eléctrica, dicen las versiones oficiales. Vd., amigo lector, ¿cuantos metros de ?manguera? ha pisado cada vez que ha visitado un recinto ferial? La instalación de las tomas de energía para las atracciones, de la red eléctrica que alimenta a tiovivos, garitas, tómbolas o autos de choque, se reparte de manera, generalmente poco cuidada, por el suelo que patean los cientos o miles de usuarios.

Accidentes como el de esta noche vuelven a poner de manifiesto la necesidad de que los ayuntamientos se tomen el asunto con más rigidez. Las ferias, que son elementos indispensables en los programas festivos de cualquier localidad que se precie, necesitan de un recinto perfectamente definido y con las más altas medidas de seguridad, porque son precisamente los más débiles, los niños, los que con mayor intensidad las frecuentan. Las corporaciones deben preocuparse, no solo de recaudar buenas tasas por instalación de estas atracciones; deben planificar y cuidar todos los aspectos que conllevan algún tipo de riesgo. Y este de la electricidad, como trágicamente se ha demostrado esta noche, es uno de ellos.

La provincia huele a fiesta, y en cada fiesta hay una feria. Hoy los caballitos, seguramente, quedaran quietos y silenciosos en señal de duelo por la tragedia de Sabiñánigo. Pero mañana, así es la condición humana, volverán a girar y girar, inundando con su música y haciendo las delicias de nuestros peques. El suceso de esta noche podrá olvidarse. Pero el riesgo continúa. ¡Ojala no tenga que ser otra tragedia la que nos haga ser concientes de un claro peligro que planea sobre nuestro pueblos y ciudades en fiestas.

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