De moscas y perros... De nosotros

Nuria Garcés

Somos una tierra de moscas cojoneras. Ya me perdonarán la expresión. Todo el día jorobando. O, si seguimos tirando del refranero, somos como el perro del hortelano; ni comemos ni dejamos comer. Lo peor es que nos jorobamos y nos quitamos la comida a nosotros mismos.

Metida de lleno en lo que es la información, llevo meses, muchos, más de un año, siguiendo las noticias que escribe un compañero en las que se habla del Centro del Agua de Yéqueda. Un proyecto más que ambicioso, apasionante, didáctico, turístico. Con futuro, vaya. Un centro que a Huesca no le iba a costar ni un duro porque, cosas del destino caprichoso, el Ministerio de Medio Ambiente decidió invertir varios millones de euros en esta comarca.

Riegos del Alto Aragón, que quería ofrecer algo importante a la capital oscense, puso a su disposición un terreno, de forma gratuita, en un lugar, aparentemente magnífico. En Yéqueda, en un altozano, junto a la autovía de Huesca a Nueno, lugar por el que transitan muchos turistas, susceptibles de parar, entrar, conocer...

Hubo concurso de ideas, que ganó un arquitecto, Ángel Verdasco, quien ya presentó en su día anteproyecto, proyecto básico, proyecto de ejecución. Que ha trabajado largamente en él.

Y ahora es cuando llega la mosca cojonera. En Monegros ha gustado la idea, y quieren el centro en Tardienta. No debe de haber otros proyectos. Creen que merecen una recompensa por su oposición al trasvase. Acabáramos. Yo también me opuse...

Y lo que ahora resulta más increíble es que en la Comarca de la Hoya, cosas de la política, no nos acabamos de definir. Se pospone el debate para septiembre, se intentan parar las críticas, se hará por olvidar el tema... ¿No deberíamos pedir a los políticos de esta zona que defendieran con uñas y dientes proyectos interesantes como el que se nos está escurriendo de las manos? Somos capaces de mandar al garete todo el trabajo realizado hasta ahora, todo el proyecto, todo el dinero consignado para este centro.

Lo peor es que, con ese fatalismo que también nos caracteriza, seremos capaces de ver como todo sucede a nuestro alrededor sin mover un dedo. Y todo esto pasa en la propia provincia de Huesca, no entre Huesca y, pongamos por caso, Murcia. Yo alucino.

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