Manuel Campo y el PSOE

Víctor Pardo Lancina

Es coherente con su modo de hacer el que Fernando Elboj haya dejado en manos de los cofrades del mulo, los amigos del Monumento al Mulo, quiero decir, la defensa de su propuesta de homenaje al ex alcalde Vicente Campo. En definitiva, no hace Elboj otra cosa que cobrarse la fotografía que se hizo junto a la estatua y quizá alguna subvención destinada a sufragar los gastos de agasajo del militarizado animal. ¿Quién, sino, se iba a invitar a este debate? Sin embargo, llama la atención el silencio del PSOE, el mutismo de este partido ante la extemporánea idea de erigir un monumento, otro en realidad puesto que ya hay uno en el parque, para reconocer a un alcalde que lo fue en épocas de dictadura, lo que moral y éticamente invalida el enaltecimiento que se proyecta.

Llama todavía más la atención cuando lo que el PSOE promueve desde Madrid son cosas bien distintas a las que se cuecen en Huesca. Veamos. El penúltimo Consejo de Ministros acordó la creación de una comisión para reparar la dignidad y restituir la memoria de las víctimas y los represaliados, esto es, de los que sufrieron cárcel, represión y muerte desde el inicio de la Guerra Civil hasta el final de la dictadura de Franco. Ésta sí es una intención generosa, y como tal hay que valorar y celebrarla. Al igual que las declaraciones adoptadas en distintos parlamentos acerca del reconocimiento institucional a las víctimas del franquismo, o la solicitud de declaración de nulidad para todas las sentencias represivas que llevaron a la cárcel o al paredón a republicanos coherentes que defendieron la legalidad de un Gobierno democráticamente elegido.

¿Por qué la primera autoridad municipal de la ciudad no se hace eco de tan justas reivindicaciones históricas y las aplica con determinación y oportunidad en Huesca? ¿Por qué el PSOE altoaragonés no se suma a tan digna iniciativa reparando de una vez una deuda histórica que duele y acongoja? Muchos ciudadanos nos pondríamos en esto de su lado. No se puede ser demócrata sin ser firmemente antifranquista, y Vicente Campo no sólo no militó contra la dictadura, sino que fue colaborador necesario, activo, convencido y experimentado. ¿A qué viene reconocimiento ninguno ahora? Y conste, que lamentamos el innecesario sufrimiento a que sus familiares directos, hijos y nietos, se ven abocados tras la exhumación de esta figura por parte del alcalde. Cuando revisamos la historia reciente corremos riesgos de esta naturaleza, y nuestro primer regidor, profesional del ramo, no los ignora.

Así las cosas, uno se pregunta por las razones verdaderas que alimentan el terco anhelo de la Alcaldía, y sólo consigue hallar dos motivos. Uno, homenajeando al supuesto hacedor del parque ?hay mucho de qué hablar al respecto? se trata de ocultar el progresivo y parece que irreversible estado de deterioro del mismo, es una cortina de humo que a modo de trampa saducea se tiende a la sociedad. Sociedad, cabe decir, que traga con casi todo. Y el segundo, rendir tributo a un personaje de escaso relieve a través de una gran escultura y un despliegue de discursos y gasto de oropel, deviene en homenaje para sí por parte del mismo proponente. Quizá haya otras razones, es posible que las haya, pero no las hemos escuchado.

Víctor Pardo Lancina

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