Cartas al director: Razones para oponerse al AVE

Angel Marco Barea, ecologista

Una razón de impacto ambiental. Enormes movimientos de tierra y una gran barrera capaz dividir poblaciones. Cicatrices con capacidad de curarse con una evaluación de impacto ambiental, que defina las medidas correctoras y de restauración, y un presupuesto del proyecto para invertir en ellas.

Un tren diseñado para transportes largos -quizás pensando en competir con el avión-, no puede cubrir su velocidad punta con obligadas paradas entre estaciones de ciudades alejadas menos de 200 Km. No se justifica la inversión en este modelo ferroviario en una red radial de comuniación de las principales ciudades del Estado, cuando existe tecnología punta de trenes rápidos capaces de lograr tiempos competitivos sin renunciar a llegar a la mayor parte de la población, sin renunciar a que el tren siga siendo un transporte público y social, considerado como el más ecológico y alternativa de futuro.

Una razón energética. El consumo eléctrico un AVE de 300 viajeros circulando a 350 km/h, es el equivalente al consumo medio de una ciudad de 35.000 habitantes, lo que traducido a la generación eléctrica en una central térmica supone la emisión de enormes cantidades de CO2, contraviniendo los compromisos de Kyoto para prevenir el efecto invernadero del Planeta. En plena crisis del petróleo, no hemos de olvidar que la producción eléctrica en el mundo desarrollado depende de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas ó carbón) ó en energía nuclear. Las energías renovables pueden ir sustituyendo paulatinamente a estas, si se pone fin al crecimiento del consumo. No asumir una política de ahorro supone abocar a una dependencia de la energía nuclear, no limpia, que entraña grandes riesgos y que todavía no ha solucionado el destino de los residuos radioactivos que genera.

Mantener unos niveles de bienestar social no supone asumir necesidades como la de llegar 30 minutos antes entre distancias de 350 Km, ante el coste ambiental y social que impone el modelo desarrollista en el que el AVE es buque insignia. No nos compensa como modelo que no puede exportarse al conjunto de la humanidad, teniendo en cuenta que es un despilfarro de recursos escasos, que en la actualidad no llegan a más de tres partes de la humanidad.

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