Después del Génesis va el Éxodo

Pablo Barrio Aller

La Biblia empieza con la creación del mundo y del hombre en el libro del Génesis. La Biblia continúa con el Éxodo. La Biblia presenta a Moisés como guía de los primeros emigrantes, en busca de la ciudad prometida, como todos los inmigrantes. Porque es que siempre se nos olvida la misma parte del cuento: que antes de ser inmigrante siempre se es emigrante. Con lo que ello conlleva: dejar atrás el pueblo que te vio nacer, la familia que te arropó, los sueños que nunca se cumplieron.

Y pienso, por ejemplo, en esa familia de Benasque que emigró a Barcelona, ciudad donde montaron un modesto bar restaurante y donde ahora se emocionan cada vez que algún oscense se deja caer po ahí. Se emocionan y lloran. Se emocionan y lloran porque hace de su tierra tanto tiempo que apenas saben hablar en un idioma que no sea el catalán. Y pienso, por ejemplo, en el vecino de aquel pueblo de los Monegros que se fue a Zaragoza, a trabajar en la papelera que hay a la entrada de la ciudad. A la papelera cuando a él siempre le apasionó el campo. Y pienso incluso en Huesca. Y pienso incluso en mí.

Y, por ejemplo, pienso en ese vecino de Jaca venido desde una aldea de Nigeria, y que a pesar de los años todavía no es como un jacetano más. Y, por ejemplo, pienso en un marroquí llegado en patera a este país y que ahora vive en la capital oscense regentando una carnicería musulmana. Y, por ejemplo, pienso en tantas y tantas personas que cada día se levantan en la misma provincia que yo ahora y que no nacieron en ella.

Ya va siendo hora de que miremos dentro de nosotros mismos. Ya va siendo hora de decir que si tolerancia o intolerancia, que si racismo o solidaridad, que si empatía o garrulismo, que si emigración o inmigración, que si despoblación o superpoblación, que si después del Génesis va el Éxodo... que si Huesca.

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