Eurosis

Óscar Prado

Sin duda alguna es una de las enfermedades que a día de hoy padece la sociedad española. Si miramos en el diccionario social, eurosis es un virus que afecta a los precios de tal forma que el redondeo es descaradamente al alza. Es decir, se ha pasado de cuadrar los precios, a que todo el que vende algo se aproveche de esta dinámica aumentando el tiquet de la compra de una forma exponencial.

Y es que es el pez que se muerde la cola. Yo subo, tu subes, el sube y así hasta finalizar la conjugación. Dicen que ya estamos a los niveles europeos, pero es que incluso ya vivimos por encima. El otro día, en un informativo de televisión nacional, veía con asombro que turistas españoles prefieren ir a las costas mediterraneas francesas antes que a las españolas. La razón, los precios. Nuestros vecinos galos son más competivivos en hoteles, comidas e incluso la ropa de baño tiene precios inferiores. Y qué decir de nuestros siempre fieles clientes alemanes que se están decantando por las costas de los países del este.

A mi no me extraña, en este país del Lazarillo de Tormes muchos negocios establecen una curiosa relación. La equivalencia entre pesetas y euros se hace un tanto extraña. Un ejemplo bien claro es el que ponía un lector de Radio Huesca Digital que mandaba días atrás una carta al director. Explicaba que una casa rural que en el año 2002 le cobraba 4.500 pesetas por una habitación doble, este año le había costado 45 euros. ¿Somos tontos?

Eso en turismo, pero en el día a día, estamos hartos de escuchar los comentarios de la gente que se queja de los precios de la lista de la compra. Y que hay de los bares. Sentarte en una terraza se ha convertido en un suicidio para el bolsillo. Tomarse una cocacola, en el mejor de los casos, supone la friolera de 1 euro y 80 céntimos, es decir 300 de las antiguas pesetas, una cifra que supera con creces en un 400% la del distribuidor.

Lo más preocupante es que el nivel de vida sube pero no siguen esta misma tendencia los sueldos, o por lo menos, en esa medida. Por eso, de momento, a mí, si me preguntan si estoy contento con la unión económica europea diré que no, por lo menos, hasta que nuestros responsables económicos y políticos pongan freno a ese virus, a esa fiebre, a esa contagiosa patología, llamada eurosis.

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