Cartas al director: Una carta de respeto a la familia Campo

Damián Torrijos

Estimados señores:

Al menos en una ocasión yo mismo he participado, con carácter público, en la polémica suscitada sobre el homenaje a Vicente Campo; me manifesté contrariado por ese proyecto. Vine a decir, sobre su proyección ciudadana, que la coherencia del señor Campo con el tiempo que le corrió en suerte vivir hacía incoherente un homenaje. En esos términos, lo mantengo. Suscribo, ahora como entonces, la letra pequeña del debate. De nuevo manifiesto que el homenaje previsto y sus inevitables consecuencias vitales formaban parte de una manipulación; que esa manipulación buscaba rentabilidad política; que su propio dolor, cabal, insoslayable, nutría ese interés oculto, nacido de la más insensata de las bastardías ideológicas; que se les ha mantenido a ustedes bajo una presión no ya innecesaria, sino calculada y asumida como el más adecuado combustible de una maniobra despreciable.

Me guardé mucho de hacer valoraciones personales sobre el señor Campo, que hubieran tenido solo un carácter especulativo y gratuito. Lo hago ahora. Les ruego que acepten la más sincera expresión de mi respeto, en la convicción de que hubo de albergar valores humanos quien les educó a ustedes con un norte de sensatez tan definido. Nadie, nada me permite atribuirme la calidad de portavoz de cuantos como yo, y a su modo, expresaron su rechazo al homenaje. Y en consecuencia me arriesgo al rechazo de todos ellos y de ustedes mismos. Pero en este punto nadie, nada me impedirá decir que acaso fuera injusto que sumaran el prejuicio al dolor; albergo la certeza de que ha habido más respeto en la censura que en la promoción. En mi fuero, cuando menos, les tengo a ustedes por víctimas de una concepción aberrante del poder; de la conmiserable incoherencia de algunos hombres con el tiempo que viven a fecha de hoy.

Aunque aceptaré su réplica si es su deseo, y aunque lo hiciere en silencio, deseo trasmitirles mi más sincera expresión de amistad y respeto, que sitúa su honor muy por encima del mío, sin duda, pero excepcionalmente por encima de quienes buscaron en la memoria de don Vicente el provecho de sí mismos.

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