Cartas al director: calendario escolar

Eduardo Marco

Ante la última, de momento, propuesta de ampliación del calendario lectivo por la Consejería de Educación, a los educadores nos gustaría que este tema se pudiera tratar sin caer en generalizaciones y en manipulaciones.

Por una parte, afirmar que la calidad educativa depende de la ampliación de las jornadas de escolaridad, es confundir la ?calidad? con la ?cantidad?. No influye en la calidad educativa el hecho de que el 7 de septiembre haya o no clase, sino el trabajo que los profesionales llevan a cabo día a día en los colegios, la intensa dedicación al mismo, las largas horas de formación voluntaria, los ratos que fuera de la jornada escolar se quedan voluntariamente con algunos niños para acabar de aprender un contenido etc.

Por otra parte, recurrir machaconamente a la muletilla ?criterios pedagógicos? para justificar la conveniencia de recortar las vacaciones es, cuando menos, poco riguroso. Si hay algunos pedagogos que lo afirman, también hay otros muchos que, dentro y fuera del sistema escolar, defienden perspectivas diferentes: existen razones psicoevolutivas, de curva de rendimiento, de motivación etc. Existen propuestas de trabajo individualizado y autónomo para mantener durante las vacaciones los aprendizajes realizados. Existen razones muy claras de índole climática...

Existen razones de índole pedagógica concernientes al profesorado que se dirigen directamente al ?interés de los alumnos?, como son: las programaciones, la elaboración de fichas y proyectos educativos, la realización de adaptaciones curriculares para el alumnado con NEEs, la organización de los apoyos dentro y fuera del aula, la coordinación entre el profesorado que pasa un grupo y el que lo recoge... ¿Es preferible empezar las clases en la 1ª semana aunque no se hayan podido realizar estas tareas y ni siquiera haya llegado todo el profesorado por mor del funcionamiento administrativo?. ¿No es mejor dedicar el tiempo necesario a las tareas mencionadas que redundarán en una mejor atención a los alumnos?.

Existen además otros procedimientos relacionados directamente con la calidad educativa que convendría potenciar: Sería de agradecer que desde los impulsores de la medida se contribuyera a la calidad de la enseñanza estimulando a las familias a participar en la comunidad educativa, a asistir a tutorías y a confiar en el profesorado, en lugar de sembrar dudas y desprestigio. Si queremos que haya colaboración escuela-familia, ha de ser desde una percepción mutua favorable. Atribuir al profesorado que trabaja poco o que sólo le mueven sus intereses, aparte de injusto, es desmovilizador de la comunidad educativa. No volvamos a caer, en cada periodo de vacaciones, en la demagogia barata de atacar al profesorado, sino ayudémosle en el periodo lectivo con nuestra colaboración en su difícil y fundamental tarea.

Es cierto que para bastantes familias es una dificultad añadida encontrar quien se haga cargo de sus hijos en los periodos de vacaciones o de jornada intensiva. Para esa dificultad es necesario buscar alternativas que pasan por actividades de tiempo libre, campus vacacionales etc. parte de las cuales podrían tener lugar en los centros escolares con personal específico. ¿Por qué no se organiza de forma sistemática un servicio de estas características en lugar de enfrentar gratuitamente a la sociedad con los encargados de educar a sus jóvenes?. Así no es de extrañar que se transmita de forma impremeditada a los propios alumnos una imagen de su profesorado carente del necesario prestigio de todo educador y como consecuencia, una serie de problemas conocidos que padecemos padres y profesores por igual.

Para terminar, sería de agradecer que desde la Consejería de Educación se pensase que la calidad no depende de más horas o más ordenadores, sino de factores como la formación, coordinación y valoración de los recursos humanos de que dispone.

Comentarios