Jornada de re-reflexión

Lorenzo Río

Resultados como estos son los q ue me hacen pensar que la jornada de reflexión no está bien ubicada o, al menos, no lo suficiente. Después de observar el irrisorio índice de participación que hemos tenido los españoles respecto a estos comicios europeos, algo me hace pensar que tendría que existir una doble jornada de reflexión: la del día previo a la votación, y la del día posterior a la misma. Por lo tanto, lunes 14 de junio es jornada de reflexión.

Poco más del 45 por ciento de los españoles hemos votado en estas elecciones, un índice de participación preocupante, el más bajo de la historia de la democracia, que viene a demostrar lo que ya se dejaba notar días atrás en la campaña: no sabemos qué es Europa, qué pinta España en ella y de qué nos puede servir a los españoles. Parece que Europa nos queda lejos, que desde la parte oeste del continente no se ve nada más allá de Los Pirineos y cercanías, y ciertamente, Bruselas nos suena muy lejano. Desgracia la nuestra y la de todos nuestros conciudadanos -me refiero a los de Europa- porque en todo el territorio europeo ha ocurrido lo mismo: la gente no ha votado, quien lo ha hecho ha sido para castigar al partido de turno y muy pocos son los que lo han hecho en favor de la Unión y de la futura Constitución. Cómo vamos a refrendar con este poco sentimiento de comunidad, una Carta Magna que sirva para los más de 400 millones de habitantes que formamos ahora Europa. Lo veo complicado, cuando menos incierto.

Seguimos en la Europa de los tamaños; de los grandes, los medianos y pequeños. Del eje franco-alemán y el resto de naciones a rueda de éste, y así no podemos llegar a formar la verdadera macronación de Los 25. Poca unión hay en esta Unión Europea. Letonia, Polonia, Hungría... nos suenan muy lejos, no nos parecen vecinos, y es que el roce hace el cariño y aún así, a los españoles nos ha costado mucho -y nos cuesta- con Francia, Portugal o Italia, que por lo menos ahora los sentimos más nuestros.

Eso sí lo vemos Europa, pero luego está el ser país de segunda. España ahora tiene menos representación en Europa. Como siempre, los más grandes siguen teniendo más; los medianos, un poquito menos; y los pequeños, ya no mucho. Con este sistema de representatividad son pocas las ganas que nos quedan por luchar para lograr algún eurodiputado más, y así se ha demostrado en este 13 de junio. Lo que no pensamos es que quizás lo importante no es esto, sino luchar por que quienes nos representen, aunque ahora sean menos, al menos sean los que nosotros queramos que sean. Lo cierto es que con lo de ser 25, ya no es la primera vez que he podido escuchar a alguien decir auquello de "Éramos pocos y parió...".

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