Cartas al director: Sixto Agudo. Compromiso político y lucha por las libertades

José Manuel Alonso

La primera sensación que me invade al recordar a Sixto Agudo es la de una firmeza sin límite, una consistencia que excedía ampliamente la energía de un cuerpo ya frágil, debilitado por la edad, de unos pasos cortos pero resueltos, de un brazo que se apoyaba con franqueza en el mío.

Sixto Agudo fue dejando esa energía generosamente, a raudales, en los episodios que han configurado la historia de nuestro tiempo: En la reorganización de las Juventudes Socialistas, durante la II República, en las huelgas campesinas que reivindicaban la Reforma Agraria, en la movilización contra el golpe de estado de julio de 1936. Sixto Agudo dejó girones de esa fuerza vital en Madrid y en el Jarama, en Teruel y en frente del Ebro. En los campos de concentración nazis y en la resistencia, en Francia. El ?Camarada Blanco? empleo su pródigo esfuerzo en contribuir a reorganizar el Partido Comunista en la zona libre de Francia y después en España. Y ello le valió la el desconsuelo y la angustia de las prisiones franquistas: Carabanchel, Ocaña, Sevilla, Burgos? Dieciocho años de su profusa energía empleados en otro frente, más sórdido, más cruel, pero no menos valioso.

El exilio en el 62. El trabajo en la dirección política del P.C.E. Y en 1976 la vuelta legal a España, un nuevo cambio de frente. Cuatro veces candidato al Senado por la provincia de Huesca, diputado en las Cortes de Aragón en las legislaturas de 1983 y 1987, dimite de ese cargo para dedicarse a la alcaldía de Alcampell, desde dónde se convierte en un infatigable impulsor del desarrollo de La Litera.

Y conforme ese caudal que pareciera inagotable de energía física se va apurando, Sixto escribe. Escribe sus memorias, sus impresiones sobre el municipalismo y sobre el progreso de La Litera, su visión sobre la República y la Guerra Civil, sobre la presencia española en la resistencia francesa, y deja oír su voz en los Congresos sobre el exilio español y la resistencia contra la dictadura. Si repasáis sus libros, encontraréis como prologuistas a Mercedes Yusta y a Eloy Fernández Clemente, a Carlos Forcadell y a Manuel Muñón de Lara. También. a Julio Angita.

Escribo esto como Secretario de Organización del Partido en el que Sixto Agudo militó toda su vida, como sucesor suyo (me cuesta decir esto sin pudor) en un cargo que Sixto desempeñó durante la transición. También como dirigente de una organización, Izquierda Unida, que él contribuyo a crear y que impulsó con firmeza. No puedo evitar un pulso de emoción en estas líneas. Pero, aunque no compartiese tantos pareceres, tantas convicciones con Sixto Agudo, aun los que no participen de las ideas y concepciones de Sixto, habrán de convenir, forzosamente, que con él se va un retazo, generoso y espléndido, un ejemplo de responsabilidad, de honradez y solidaridad de nuestra historia.

Para nosotros, para todos los que estamos comprometidos en el esfuerzo de una sociedad más justa, más libre y más igualitaria, representa una obligación, y un orgullo, rendir homenaje de gratitud y afecto a este hombre, integro, generoso y cordial, en el buen sentido de la palabra, bueno, que supo resistir construyendo en los malos tiempos y edificar un proyecto cuando le entregamos la responsabilidad de hacerlo.

Sixto dedicó su último libro a los hombres y mujeres que ?legaron un hermoso ejemplo de entusiasmo, de coraje y de sacrificios en defensa y desarrollo de la democracia? Valgan sus palabras aquí como nuestro homenaje.

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