Los profesionales del transporte reivindican la jornada semanal de 40 horas

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Como ya viene siendo tradicional, el Somport ha sido escenario de la jornada ?¡La fatiga mata!?, que se celebra a nivel mundial y cuya misión es informar y concienciar a los transportistas profesionales (conductores de autobuses y camiones) para que luchen por mejorar sus condiciones de trabajo. La jornada semanal de 40 horas es una de sus principales reivindicaciones.

Se trata de un sector que soporta unos índices de siniestralidad muy elevados: en 2003 en las carreteras españolas hubo 47.567 accidentes de tráfico, con implicación de 80.599 vehículos, de los cuales 12.083 eran profesionales?el 15% de los vehículos implicados en accidentes de tráfico son de uso profesional-, según datos de la Dirección general de Tráfico.

Respecto a la mortalidad, según un estudio llevado a cabo por CC.OO., de los 2.776 conductores fallecidos en accidentes en carretera, 351 se dedicaban a la conducción profesional, además fallecieron 154 personas más en vehículos profesionales, que eran pasajeros o acompañantes. Unas cifras que, además, han ido en aumento respecto al año 2002 (335 conductores muertos y 123 acompañantes).

Rafael Alaya, representante del sector del transporte de CC.OO. Aragón, ha afirmado que ?la fatiga sí mata y si no se evita, las cifras continuarán aumentando cada año?.

Los profesionales del transporte reivindican una ?normativa justa para este sector, que no obligue a estar pendiente del trabajo 14 horas diarias?. Alaya ha indicado que actualmente algunos conductores ?doblan las 40 horas semanales?. Desde CC.OO. se solicita que cuando la Guardia Civil sanciona a un vehículo cuyo tacógrafo marca más horas de las que se permite conducir, que se paralice dicho vehículo.

También se pide desde este sector que se disponga de lugares de descanso adecuados para los conductores de larga distancia; que se agilicen los procedimientos administrativos e instalaciones en los puntos fronterizos; que se remuneren todos los tiempos de servicio, incluidos los de espera; y el reconocimiento de las enfermedades profesionales y laborales derivadas de las condiciones de trabajo.

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