El tiempo es cíclico

Lorenzo Río

?Tempus fugit?, el tiempo corre; ?Panta rei?, todo fluye... Ya desde la antigüedad, desde la época clásica, la lengua latina nos deja frases como vestigios de que el tiempo es siempre algo que ha importado, y mucho, a las distintas civilizaciones. ?El tiempo es oro?, decimos ahora, dando a entender que es algo muy preciado, de hecho lo es tanto que no se puede comprar. Aquí no se puede hacer eso de ?Ponme cuarto y mitad de tiempo? o ?Me pones una hora entera y me la cortas en filetes de 10 minutos?... Vamos que no, que el tiempo pasa, y nuestro oficio es pasar.

Pero lo que más impresiona de él es lo cíclico que es a la vez que fugaz. Los hombres inventamos algo para medirlo, para controlarlo, nosotros le pusimos límites horarios para crearnos esa falsa sensación de que podemos controlarlo. El reloj nos marca pequeñas porciones de tiempo dentro de una mayor que es el día, y que a su vez forma parte de algo mayor, el año, que también está dividido en meses formando nuestro calendario. Así es el tiempo, no nuestro tiempo, porque aunque queramos medirlo, atraparlo con estas medidas, él fluye, continúa, pasa, corre... y vuelve.

Sí, el tiempo también vuelve. Es cíclico. Uno no se da cuenta pero al menos una vez al año dice eso de ?Dios mío, cómo corre el tiempo?. Pasa el verano, y casi quitándonos la pañoleta verde, ya estamos hablando de nuevo de la Fiesta de Nochevieja, de la Cabalgata de Reyes y de la animación navideña de calle. Y es que no nos damos cuenta pero ya estamos ahí, en un momento, con el hombre de ropas rojas y barba blanca que algunos dicen inventó una importante marca de refresco americano, o las uvas que se comen de doce en doce una vez al año. Y es que esa división del tiempo que hemos pactado para él, para que no se nos escape y lo podamos dominar, en realidad nos atrapa a la vez, nos vuelve a llevar cada año a lo mismo, como una vida que continuamente volvemos a vivir como una nueva oportunidad para todo eso que ya sabemos que va a llegar. El tiempo es cíclico y nosotros con él. Cuán previsible es el hombre...

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