Buena gente

Cristina Pérez

El dolor, la pérdida, la sensación de que el mundo se ha venido abajo y tu, justo, estabas debajo del mundo. Luego ,sigue el dolor y comienzas a regresar poco a poco a la realidad. La realidad, sin embargo es una pesadilla, porque todo está lleno de niebla, de gritos, de incertidumbre y sobre todo de preguntas: dónde estoy, qué ha pasado, dónde está mi hijo, dónde está mi hijo, qué hago aquí, por qué me duele, dónde está mi hijo......

Emergencias y Catástrofes y la respuesta más inmediata que es capaz de dar esta sociedad. Ese ha sido el argumento del congreso que ha tenido esta semana en Huesca una referencia hacia la que todos, hemos vuelto la vista.

Porque , el mundo, de vez en cuando se rompe y nos muestra su fragilidad. Se rompe , porque la naturaleza se desborda arrasando vidas o porque el ser humano se cree con la capacidad de decidir quién y cuándo muere, levantando por los aires y haciendo estallar las esperanzas de futuro de miles de personas.

Profesionalizar esta atención después de una catástrofe será, sin duda, una parte del futuro más próximo. Prestar ayuda a quienes salen de las tinieblas de un desastre buscando la luz, tiene que llegar de personas que estén suficientemente preparadas como para ofrecer la mano fuerte y sin dudar. Y sin dejarse llevar por el dolor ajeno. Superman está ocupado, así que existen fuerzas de seguridad, psicólogos, médicos y ese colectivo de voluntariado que se acercan con el emblema de la cruz roja y , de momento, abren una puerta a quien se cree encerrado en otro mundo.

No debe de ser nada fácil porque, hemos visto, a profesionales que tan sólo con recordar tragedias como la de Biéscas, tenían que tragar saliva y secarse las lágrimas. No es fácil responder, sin que duela demasiado, a preguntas como :?¿dónde está mi hijo??.

En esos equipos de respuesta inmediata de emergencias y catástrofes hay mucha gente, muchos corazones, mucha buena gente

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