Donde el tiempo es cobre

Ana Sánchez Borroy

Érase una vez un lugar muy lejano donde el tiempo no era oro, el tiempo era cobre. Era un lugar maravilloso, donde nadie tenía prisa y nadie tenía que correr porque llegaba tarde. Siempre había tiempo para charlar con los demás. En ese lugar, las gentes no sabían qué significaba la palabra ?resumen?. No hacía falta. Allí, los cuentos son muy, muy largos.

Ese lugar existe hoy en día, en pleno siglo XXI, y los cuentos siguen siendo muy, muy largos. Tan largos que es imposible resumirlos. Si se resumen, ya no tienen sentido y dejan de ser cuentos bereberes. En la cultura bereber y en otras muchas culturas subsaharianas, el concepto del tiempo es muy diferente al de la cultura occidental. El tiempo fluye, fluye por sí mismo y las cosas sólo llegan en el momento en el que tenían que llegar.

Quizá les suene metafísico, pero en realidad no lo es. Por ejemplo, en algunas zonas del África negra, los autobuses de línea sólo salen en el momento en el que tienen que salir, es decir, cuando se ha reunido un grupo de viajeros suficientemente amplio como para que el pago de los billetes amortice el gasto de gasolina. Pero nadie sabe cuándo será ese momento, al menos, nadie lo sabe según la costumbre occidental de concretarlo en una hora de un reloj. Todo el mundo sabe, simplemente, que el autobús saldrá cuando tenga que salir.

Contar un cuento puede servir para que entender que nuestra cultura es muy diferente a otras culturas del mundo. Los cuentos bereberes no se pueden resumir porque en el Magreb el tiempo es muy diferente al tiempo de occidente.

La Biblioteca Pública de Huesca acoge cada miércoles el I Ciclo de Narración Oral Intercultural en Aragón ?A la sombra del Baobab?. Como el Principito de Antoine de Saint-Exupery.

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